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KHManiacs Todo sobre Kingdom Hearts 2 & 3, Chain of Memories, 358/2 Days, Birth by Sleep, Coded y lo que rodea a KH en español [Square Enix]
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DeRGeN
Holy Shadow


Registrado: 17 Oct 2006 Mensajes: 526 Promedio por Día: 0.72
Ubicación: en la frontera del sueño y la realidad
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Publicado: 17 Oct 2006 10:08 pm Título del mensaje: mi fic (leedlo y dad el visto pliss)
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hola. soy nuevo en este foro, y llevo esperando a decidirme si hacerme miembro de esto o no... al final he querido.
Mas que nada vengo primero aqui por que me encanta escribir y dibujar, aunque por el momento no tengo dibus, pero si una historia, aunque no tenga nada que ver con el kingdom hearts... os dejo el primer capitulo (constando que llevo 70 y muxas pags escritas) y si os gusta pos me invento una del kingdom, que tambien llevo tiempo trabajando en algo asi...
LA EDAD PERDIDA (quiero cambiar el titulo)
Prólogo
Un fuerte olor a hierbas aromáticas impregnaba la gran habitación, mientras que los sirvientes corrían de un lado a otro y los bufones desfilaban por una larga alfombra roja.
El techo abovedado y transparente, con figuras góticas adornándolo lúgubremente, dejaba pasar la nítida luz clara y blanquecina, dejando la estancia a oscuras de no ser por unos candelabros colocados en simetría a cada lado de la pared.
Al final de la alfombra unos tres escalones conducían a un trono dónde una figura protegida por una gruesa y gigantesca armadura, negra como el azabache, contemplaba como sus empleados intentaban hacerle reír por unas cuantas monedas de oro que les permitirían alimentar a su familia durante algunos días.
El ser, con aspecto demacrado, ojos y pelo negro, robusto y alto, miraba a la gente como si de simples cucarachas se tratasen, dándose aires de superioridad y riqueza, ordenando a los guardias que se llevasen a tal escoria para él, mientras que sonoras carcajadas emanaban de su boca.
- ¡Mi Lord!- exclamó el consejero real irrumpiendo en la gran sala- ¡Un mensaje de Barduk, rey de Flhereé!
- ¿Esss urgente?- inquirió el rey.
- Muy urgente-
- Puesss entoncesss léalo- ordenó el rey.
- No puedo leerlo delante de toda esta gente, Mi Lord- protestó el consejero- Está terminantemente prohib…
- ¡Quién eresss tú para decir lo que esstá o no esstá prohibido!- exclamó el rey.
- Yo no lo digo, lo dice Barduk, Mi Lord- vaciló el consejero manteniendo su tono tranquilo.
- Entoncesss, passe por aquí- dijo el rey señalando una puerta detrás de su trono.
Se adentraron en una habitación iluminada por un candelabro encendido sobre una mesa de madera vieja y sucia.
La estancia estaba adornada por un armario con armas y armaduras, unas mesas de castigo y unos cadáveres amarrados a las cadenas colgados del techo; una cripta, sin duda.
- Léela- ordenó el rey mientras aumentaba la llama del candelabro.
Unas cuantas telarañas fueron alumbradas en los rincones.
- En la carta pone lo siguiente:
Soberano Srick, me enorgullecería que nos aliáramos para encontrar el paradero de los orcos, ya que con su gran ejército podríamos encontrar y matar a los elfos y después a los Rebeldes, ya que si no están aliados en el momento del ataque y no tienen formado su grandioso ejercito de soldados y arqueros podríamos darles muerte en apenas una noche.
Yo con mi poderoso ejército naval y tú con tus temibles jinetes de Hidras, podríamos encontrar la isla de los orcos en unas pocas semanas.
Otro de nuestros cometidos podría ser también el de aliarnos con las demás ciudades importantes que todavía no se hayan unido al Imperio, como Espender o Areandor, ya que cuentan con un poderoso ejército que no estaría de más a la hora de la verdad.
Tu ejército no tendría rival y conquistaríamos los demás continentes, consiguiendo que el Imperio sea la máxima autoridad.
La decisión está en tus manos.
Atentamente:
Barduk de Flhereé.
El silencio se apoderó de la estancia, hasta que por fin Srick se atrevió a hablar.
- Esss una oferta generossa y tentadora- dijo- por lo que la aceptaré.
- Muy bien- puntualizó el mensajero- Escribiré una carta al rey de Flhereé comunicándole su afirmación- paró de hablar por un instante- Si me permite.
Hizo una larga reverencia y se marchó de la sala, cerrando la puerta chirriante a sus espaldas
Srick agachó la mirada y meditó por un momento, hasta que se volvió mirando un recoveco en lo más oscuro de la sala.
- Tú podrásss sserme de utilidad- dijo, con una perversa sonrisa
Cogió el candelabro y alumbró el rincón, dejando ver a un chico maniatado a unas cadenas en la pared.
- ¡Ja, ja, ja, ja, ja!- _________________
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DeRGeN
Holy Shadow


Registrado: 17 Oct 2006 Mensajes: 526 Promedio por Día: 0.72
Ubicación: en la frontera del sueño y la realidad
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Publicado: 18 Oct 2006 3:43 pm
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bueno...nadie contesta. de todas formas os dejo otros tres capitulos, por si os gusta mas. si a alquien le gusta que conteste, xfa, y si me recomienda que haga uno de kingdom 2 que em lo diga
La granja
En un pequeño pueblo al noroeste de Zodiabat, se encontraba una pequeña aldea rodeada de una gran cadena montañosa y de un bosque sin fin, en la que vivía un joven llamado Laxar, con su familia, en una granja a las afueras del pueblo.
Quedaba poco para que amaneciera, pero algo le hizo levantarse bruscamente de su cama. Goterones de sudor frío recorrían su cara mientras que las carcajadas perversas emitidas por el rey resonaban aun en su mente.
Se incorporó y miró por la ventana. Estaba amaneciendo y Enea se veía aparecer entre las montañas más altas de Rubilacxe: Levant y Poniont.
El rio Ergit, cristalino y transparente, emergía en la cumbre de Poniont y se unía a Levant en su cauce medio, transportando su rica agua a su pequeño pero precioso pueblo.
Se levantó y se puso una camisa corta blanca acompañada por un chaleco marrón y unos pantalones del mismo color, con el cinturón negro de cuero y unas botas morrones bordadas en el mismo material, regalo de su tío Owen cuando la suerte le sonrió.
Salió de la habitación y llegó al pasillo de madera de roble al igual que el resto de la casa, salvo las paredes que eran de piedra. Estaba adornado por unos cuadros pintados a mano por su difunta madre.
A sus dieciséis años de edad, Laxar era un chico alto y delgado, fuerte y amable con todo el mundo. Tenía el pelo largo, cortado por las patillas y la nuca, pero con lo demás alborotado hacia arriba y rubio, con unos ojos azules como el mar.
Pasó de largo la habitación de sus tíos y fue a la cocina.
Unos pocos armarios en el que guardaban los ingredientes, platos, vasos y cubiertos, acompañaban al horno de leña. Al lado de este, una puerta conducía a la despensa donde guardaban la carne.
En medio de la sala, una vieja mesa, acompañada por cuatro sillas de madera, adornaban la estancia.
Encima de la mesa, una cesta con frutas aguardaba las manos de alguien que las comiese.
Bajó a la despensa y cogió una taza de leche, que se bebió allí mismo de un largo sorbo; después subió a la cocina y cogió una manzana, que se fue comiendo por el camino hacia la cuadra, que se encontraba a medio kilómetro de la casa.
Tenían dos caballos y una yegua: uno negro llamado Crisol, el otro marrón llamado Sonne y la yegua blanca llamada Tisifone. Al lado de la cuadra estaba el establo, donde habitaban un toro, tres vacas y dos terneras y al lado del establo estaba el corral donde tenían dos gallos, unas cuantas gallinas y unos cuantos pollitos.
También tenían un labrador llamado Lucky, un pastor Alemán llamado Thor y un Haskey Siberiano llamado Moloc.
Laxar tenía que dar de comer a todos los animales, asearlos, y si le sobraba tiempo, se daba una vuelta con los tres caballos para ejercitar sus patas.
Una vez llegó al corral ya se había comido la manzana, así que quitó las pepitas y las plantó a los pies de las vallas. A lo largo se podían ver manzanos, perales, melocotoneros y otros tipos de árboles plantados de forma desigual por la granja, que la adornaban y de las cuales sacaban partido.
El bosque, frondoso y bello, se veía en las montañas detrás de la granja dándola un toque rústico al entorno.
Cerca de la cuadra un pequeño prado se extendía hacia las montañas hasta que se fundía con el bosque; el río Ergit emergía entre los árboles del bosque de Etnafele, en la montaña de Levant, y pasaba cerca del establo, seguía su cauce y llegaba hasta las orillas del huerto, a unos cincuenta metros de la casa, donde alimentaba a las hortalizas de su rica agua.
Onívida, la tía de Laxar, se encargaba de la limpieza de la casa, mientras que Garet, su tío, se encargaba del huerto y examinaba los canalillos, hechos por el mismo, que llevaban el agua del rio a sus plantas.
Laxar entró en el establo y sacó el pienso, después dio de comer a las gallinas y miró en los nidos. Sacó dos huevos para comer y apuntó con una pluma en un pergamino clavado en la pared que había cinco huevos de la gallina clueca.
Lucky, Thor y Moloc le seguían continuamente, así que ya que estaba allí les sacó tres pedazos de carne y les llenó de agua los cuencos. Una vez tuvieron su trozo de carne cada uno, se fueron a comerlo a la sombra de un árbol.
Después entró en el establo y fue a unos terrenos vallados donde estaban las vacas. No era ni muy grande ni muy pequeño, lo suficiente como para que pudieran correr sin agobiarse, al igual que los caballos, que estaban en otro cercado continuo. Dejó la alfalfa en los comederos y llenó de agua los bebedizos, luego, se paró a contemplarlas. Las primeras que se acercaron fueron Luna y Marca, luego la ternera Pin y luego el ternero Pon con su madre Blanca y por último Brand. Antes de comer los terneros se acercaron a olerle y a inspeccionarle, pero enseguida se marcharon.
Por último fue a la cuadra dónde Crisol, Sonne y Tisifone esperaban. Les dio la alfalfa deprisa y les llenó el bebedero de agua tan rápido como pudo, y cuándo terminaron de comer se fue a montarlos.
Primero empezó montando a Tisifone, la yegua blanca de su tía, luego montó a Sonne, el caballo marrón claro de su amigo de la infancia Kark, y por último a Crisol, su caballo, de un color marrón oscuro.
Los perros también se unieron, y mientras que Laxar montaba a Crisol ellos corrían por el campo.
No tardaron mucho en seguir montando, ya que se hacia tarde y si no se daba prisa no llegaban en ir a buscar a su amigo, así que Laxar se bajó del caballo y le llevó al picadero. Los perros le seguían el paso.
Dejó a Crisol allí y se dirigió hacia la casa.
Pasó por el puente de madera que hicieron el y su tío, y miró hacia la lejanía.
Unos grandes y preciosos árboles daban sombra al puente y en la orillas de todo el río crecían arbustos y más árboles, todos preciosos, que decoraban el paisaje verde. Se detuvo y retrocedió hasta las orillas. Se echó agua en la cara para quitarse el sueño de encima y se mojó un poco el pelo, removiéndolo y alborotándolo más de lo que estaba.
Los perros se pararon con el y ladraron para que despertara de su embobamiento.
Laxar movió la cabeza y sonrió, mostrando una dentadura blanca y perfecta.
- Vamos- dijo.
Salieron corriendo todos hacia la casa y se pararon a beber agua, y coger el arco y el carcaj con las flechas, junto con la espada y su funda.
Una vez saciados, Thor se fue a la sombra de un árbol a descansar y Moloc y Lucky se fueron con Laxar a buscar a Kark.
Un pequeño camino al lado del río llegaba hasta Rubilacxe, pero primeramente no iban allí.
No se encontraba muy lejos, a medio kilómetro hacia la derecha saliendo de la casa, nada más. Así que bordeando el río a la sombra de tanta vegetación se tardaba cinco minutos, diez como máximo.
Llegaron pronto; era una casa hecha de paredes de piedra y suelo de madera, al igual que la de Laxar. Haciendo decoración se encontraban dos árboles en simetría dando sombra a la gente que entraba o salía, unas macetas con flores en abundancia colgando de las paredes y a lo largo del camino unos arbustos y rosales. Cerca de la casa también se encontraba una huerta, y al lado de esta un pequeño riachuelo que regaba las plantas constantemente. También tenían un corral y un establo un poco más grande que el de Laxar, pero desgraciadamente no tenían cuadra, aunque eso lo compensaba un pequeño cercado donde descansaban las ovejas y las cabras.
La familia de Kark también tenía perros, dos machos y dos hembras.
Un pequeño afluente del Ergit llamado Garra se separaba a la altura de la granja de Laxar y venía a parar a la de Kark, mientras que el afluente se hacía más grande, pero luego se volvía a juntar al río llenándolo de agua y creando la laguna de Hespertical, grande, profunda y cristalina.
Llamaron a la puerta, que sonó con un suave clock.
Mientras esperaban que abriesen la puerta, mirando hacia Rubilacxe, en el que se veían muchas fachadas marrones, pasaron corriendo por el camino dos hombres, tapados enteramente por una túnica larga y negra. Se pararon de repente justo delante de ellos y miraron a Laxar con unos ojos rojos como el fuego, penetrándole con la mirada. En ese momento Lucky y Moloc empezaron a ladrar.
Uno de los individuos emitió un grave gruñido, consiguiendo que los perros alzaran el sonido de sus ladridos.
- Parad ya- ordenó Laxar.
Los perros seguían ladrando, y el más alto y robusto gruñó otra vez, consiguiendo que Lucky parara, pero aumentando el ladrido de Moloc.
- Moloc, cállate ya- repitió Laxar en vano.
- Si no quieres que a tu perro le pase algo malo te recomiendo que le hagas callar- gruñó el más alto.
El gordo habló de nuevo y le dijo algo al oído a su compañero, el otro asintió y siguieron corriendo, entonces Moloc paró de ladrar y se sentó satisfecho.
Rubilacxe
La puerta se abrió haciendo chirriar las bisagras oxidadas, dejando ver a una mujer de mediana estatura, rellena y corpulenta, vestida con un vestido azul que la llagaba hasta las rodillas, unas botas altas y un pañuelo: era obvio que estaba trabajando.
- Buenos días Samanta- saludó Laxar- ¿Está Kark en casa?
La mujer elevó la cabeza y miró a Laxar mientras que en su cara se dibujaba una suave sonrisa.
Tenía unos pómulos redondeados y carnosos, los ojos marrones y unos labios gruesos, en cuales extremos se marcaban unos hoyuelos cuando sonreía. Tenía el pelo marrón recogido en un moño detrás del pañuelo.
Alzó los brazos y abrazó a Laxar, y a pesar de su metro setenta y teniendo en cuenta que laxar era diez centímetros más alto que ella, le levantó como a la hoja el viento y lo apretó en el aire.
- ¡O, Laxar, muchachote, hace mucho tiempo que no te veía!- exclamó la madre de Kark.
-¡Vale, vale, pero suélteme, por favor, que no me deja respirar!- exclamó Laxar
Una vez en el suelo, Samanta le arroyó de preguntas respecto a Sonne, a su familia, los animales, la huerta, la casa… de todo en cuestión.
- ¿Y que tal está Sonne? Le habrás cuidado bien, ¿no?- inquirió.
- Si, si, está fenomenal, pero todavía no me ha dicho si está Kark en casa- respondió Laxar.
- Pues no, pero creo que se fue a Rubilacxe a entrenar con el maestro Atarip, si la memoria no me falla. Pero de eso ya hace media hora-
- ¿!Qué!?- preguntó Laxar- ¿!Media hora!?
- Si. También me comentó algo sobre que hoy empezabais a entrenar media hora antes y de hecho no creo que tú llegues pronto- contestó Samanta en tono melancólico- Pero podrías llegar pronto hiendo a caballo, ¿no crees?
La cara de Laxar se iluminó y después de haberle dado las gracias a Samanta, salió corriendo y, detrás de él, los perros.
Tardó dos minutos en llegar a la granja hiendo campo a través y en menos de uno ya estaba en la cuadra con el equipo para montar a Crisol. Le puso la silla y el bocado en un tiempo record y enseguida salió galopando de sus terrenos.
Los perros iban al lado de Laxar y Crisol y en menos de cinco minutos atravesaron la pradera que les separaba de Rubilacxe, llena de flores que crecían iluminadas por un sol tenue y brillante.
Una vez estuvieron en el pueblo, aminoraron la marcha y atajaron entre los callejones.
El pueblo estaba alegre y bullicioso en un día en el que la primavera descargaba su magia sobre la gente y los mercaderes llegaban de Barkab, un pueblo costero que se encontraba atravesando las montañas Levant y Poniont y las que las seguían, incluido el bosque de Etnafele, del que los viajeros decían que estaba maldito y que en el vivían orcos que atacaban y devoraban a la gente que pasara por allí. Las casas estaban hechas de piedra blanca y las ventanas de cristal trabajado por Hefesto, el herrero del pueblo. Toda o la mayor parte de la gente se encontraba en las tiendas de los mercaderes, ubicada en el centro del pueblo, la plaza, por lo que se podía cabalgar bastante bien.
La plaza contaba con cuatro grandes calles colocadas de tal forma que creaban un rombo. Una de las calles llevaba hacia la salida Sur, que era la que conducía hasta Anitroc, una aldea un poco más grande que Rubilacxe. La calle Norte llevaba hasta el ayuntamiento, la calle Este hacia el templo, que se encontraba encima de una colina a escasos cincuenta metros del pueblo y la calle Oeste, que conducía hasta las granjas de Laxar y Kark y que también conducía a la sucesión de montañas llamadas Los Riscos de la Muerte. Por allí también se llegaba hasta Barkab. Desde la plaza, Laxar entró en la calle Norte y se metió por un callejón que llevaba a las puertas de la carnicería, luego viró hacia la izquierda y siguió cabalgando hasta el final de la calle. Desde allí giró hacia la derecha por otro callejón y luego hacia la izquierda llegando a la panadería, que se encontraba al lado de la herrería. Entre las dos había un pequeño callejón por el que se metió, pero algo le hizo detenerse.
- Muy bien, ya tenemos las mejores espadas de la herrería, el mejor arco y las mejores flechas- dijo alguien cuándo salía del establecimiento.
- Je, je- rió otra persona con la voz más grave- Por ahora tenemos todo lo que el amo nos pidió, solo nos queda ir a por el chico.
Laxar pudo identificarlos y afirmar que eran los dos tipos que se encontró en casa de Kark.
- Exacto- dijo la otra persona- Tenemos que hablar con Él para informarnos de lo próximo.
Lucky y Moloc fueron a empezar a ladrar, pero antes de eso Laxar les hizo una seña para que se callaran.
- No perdamos mas el tiempo- dijo la persona con la voz grave- Larguémonos.
El sonido de sus botas resonaron en la calle fantasma, y Laxar, con un diestro movimiento, se subió a lomos de Crisol.
- Vamos- Laxar espoleo al caballo, pero cuándo lo hizo éste relinchó, delatando su posición.
- ¿Quién está ahí?- preguntó el hombre de la voz grave.
Laxar, reaccionando deprisa, volvió a espolear a Crisol, saliendo trotando con los perros detrás de él y, justo cuándo ellos doblaban hacia la izquierda llegando a una calle llena de casas, los dos hombres encapuchados se asomaron por el callejón.
- Por poco- dijo el joven.
Por fin llegaron al campo. A lo lejos había una colina y en ella se encontraba una pequeña casa de la que salía humo por la chimenea, y al lado de ésta, un hombre luchando contra Kark.
Laxar espoleó al caballo, subiendo a gran velocidad por la colina. Una vez al lado de la casa, Laxar llevó al caballo a los picaderos y luego fue corriendo hacia dónde estaban Kark y su maestro Atarip.
- Llegas tarde- le riñó Atarip a Laxar antes de que éste se aproximara.
- Lo siento maestro- se disculpó Laxar- He tenido que atender a los animales y se me ha pasado la noción del tiempo, es más, no tenía ni idea de que empezábamos a entrenar media hora antes. Lo siento.
Laxar hizo una larga reverencia, hasta que Atarip le hizo una seña con la mano.
Atarip era de estatura normal, robusto y de aspecto fuerte. Tenía los ojos de color marrón y el pelo, que le colgaba por la espalda, blanco, al igual que su barba, que también le caía por el pecho. Iba vestido con una túnica blanca que le cubría el cuerpo entero, de la misma forma que las que llevaban los monjes del templo, pero que a diferencia de la de estos, la suya estaba confeccionada por un material más suave y más blanco, que le daba aspecto de uno de los sabios que cada año llegaban al pueblo contando historias sobre dragones, unicornios, fénix, y de aventuras de héroes antiguos. La túnica le dejaba ver un poco de las botas negras, y estaba apoyado en un gran bastón, con una extraña piedra rodeada de joyas en la empuñadura.
- Incorpórate y coge tu palo de entrenamiento- ordenó Atarip
Laxar obedeció y se fue al taller del maestro, cogió su palo y se unió al entrenamiento.
- Kark y yo ya hemos comenzado con la puntería, evasión y destreza con la esgrima, pero por un poco más de tiempo que esté entrenando contigo no creo que pase nada, ¿verdad Kark?- preguntó Atarip mirando a su joven estudiante.
Era un chico igual de alto que Laxar, musculoso y fuerte, de pelo igual de largo y cortado de la misma forma, parcialmente de color negro pero con grandes mechones granates y también revuelto y hacia arriba. Poseía unos ojos verdes azulados, casi como los de Laxar, y el contorno de su cara era fino, como sus labios, y atractivo. Iba vestido con una camiseta negra que tenía las mangas rotas a la altura de los hombros, dejando ver sus musculosos brazos. Encima de la camisa y para abrigarle un poco llevaba un chaleco no muy grueso y tampoco muy fino, de color negro, su preferido. Vestía también unos pantalones largos negros, con una pequeña raja a la altura de las rodillas en cada pierna. Tenía unos guantes negros también cortados a la altura de los nudillos, de tal forma que le sobresalían los dedos. También llevaba tatuado en el hombro izquierdo la imagen en colores negro, rojo y dorado, un fénix.
- A mi no me importa- respondió éste.
- Pues que empiece el entrenamiento, pero tened cuidado, estos palos son los más duros que he encontrado en el Etnafele- advirtió el maestro.
Kark y Laxar agarraron el extremo sus palos, hicieron a la vez una reverencia, y estalló la lucha.
Kark se abalanzó sobre Laxar lanzándole un garrotazo hacia la cabeza, que este pudo esquivar bloqueándolo con su palo. Seguido del esquive, Laxar dio una vuelta completa sobre sí mismo y lanzó un ataque directo a las costillas. Kark lo interceptó con bastante facilidad. Aprovechando la ocasión, Laxar volvió a girar sobre sí mismo hacia el lado contrario lanzándole otro garrotazo contra su franco derecho desprotegido. A Kark le costó esquivar ese golpe pero volvió a seguir el ritmo de la lucha con elegancia. Después de la combinación Laxar volvió sobre sus pasos retrocediendo con otra vuelta sobre sí mismo hacia atrás quedándose a distancia considerable de Kark. Una leve sonrisa se dibujó en el rostro de este, mientras que los dos adolescentes se sumergían en una danza de esgrima en la que andaban en círculo manteniéndose a la misma distancia el uno del otro esperando a que el contrincante atacase. De pronto, Kark corrió hacia donde se encontraba Laxar alzando el palo en torno a la cabeza de este, y, por puro instinto, el atacado colocó su arma en forma defensiva esperando a rechazar el ataque del atacante. Pero Kark no atacó, si no que se paró en seco, agachó y saltó por encima de Laxar, quedándose detrás de él. Al verse en un serio aprieto, Laxar lanzó el palo por los aires y dio una voltereta aérea. Kark lanzó un garrotazo directo a su cabeza pero justo cuándo Laxar apoyaba un pié en el suelo efectuó un majestuoso pino doble conjuntado con otro pino lateral con los que acabó de nuevo lejos de Kark. Poco después, Laxar estiró la mano hacia el cielo y enganchó el palo que caía después de haber dado tantas vueltas por los cielos. Otra sonrisa se dibujó en el rostro de Kark. Atarip contemplaba cada detalle de la lucha minuciosamente, por lo que los adolescentes se esforzaban al máximo y utilizaban todo su arsenal de técnicas esgrimistas y combos aéreos o terrestres para dejarle impresionado, pero como Kark y Laxar conocían más o menos las mismas, no tenían ventaja ninguno sobre el otro. Los dos individuos volvieron a danzar en círculo, esperándose mutuamente. Laxar agarró fuertemente su palo y arremetió contra Kark, que pudo bloquear el ataque por los pelos. Kark apartó el arma de Laxar y le empujó con una patada, después se abalanzó contra él y le lanzó otra patada a los pies con intención de que se cayera, pero el atacado reaccionó deprisa saltando, librándose de la potente llave. Seguidamente, Kark lanzó un garrotazo a la cabeza, otro seguido hacia el brazo y otro hacia las costillas. Laxar, sorprendido por tanta rapidez, consiguió interceptar la primera y la tercera arremetida, pero no pudo hacer nada para evitar que el atacante le diese en el brazo.
- ¡Herido!- exclamó Atarip.
Las reglas eran que si te daban en algún lugar que no sea mortal, estás herido y no puedes usar esa parte del cuerpo, por otro lado si la herida es mortal, gana el que la ha ocasionado.
Una leve sonrisa asomó también en los labios de Laxar, que agarró el palo con la mano izquierda. Kark volvió a abalanzarse contra el, atacando a su franco derecho. Laxar movió bruscamente su brazo consiguiendo interceptar el garrotazo de Kark, pero este aprovechó la oportunidad para dar otro garrotazo en su otro franco. En el instante en el que Kark fue a atacar al indefenso Laxar, este saltó hacia atrás dejándole aturdido y con el blanco a demasiada distancia para atacarle, con lo que volvió a saltar hacia delante golpeando a Kark en el costado.
- ¡Herida de muerte!- gritó Atarip- ¡Laxar a ganado este asalto!
Kark, frotándose el costado, se acercó a felicitar a Laxar.
- Una buena pelea- dijo el joven- Me alegra que hayas luchado tan bien.
- Enhorabuena- le felicitó Atarip.
- Muchas gracias- dijo Laxar, sonrojándose levemente.
Una vez acabaron las felicitaciones, se despidieron de Atarip y fueron a Rubilacxe.
Laxar fue a por el caballo, acompañado de Kark, que se decidió por ir andando. Esta vez tuvieron que ir despacio, para que el pudiera mantener el ritmo que ellos llevaban.
- Oye Laxar, ¿te parece buena idea el pararnos en la feria?- preguntó Kark con un destello en la mirada- Hay cantidad de armas y objetos que me gustaría pararme a contemplar mejor, pues antes de ir a la cabaña del maestro he ojeado un par de cosas.
Por un momento Laxar pensó la oferta, y, mirando a Kark, asintió. Los perros ladraron, ya que el carnicero- mercader llamado Oren siempre que les veía les daba una salchicha o un trozo de chorizo, y a Laxar unas buenas piezas de carne por la mitad de lo que solía pedir.
Poco a poco se adentraron en la desértica calle por la que Laxar había salido, que ahora estaba con más gente paseándose entre las casas, enseñando lo que acababan de comprar y restregando su dinero en las narices de sus vecinos.
Llegaron a la plaza; gente, niños, mujeres y hombres, iban de tienda en tienda mirando todo los complementos. Los niños se distraían con juguetes o armas de madera, las mujeres en la ropa y en la comida y los hombres en la armería. Gran cantidad de productos les amparaban.
Kark fue directamente a la armería y escudería, que se encontraban en el centro de la plaza una al lado de la otra. Laxar fue con Crisol a la cuadra que solían montar para los caballos de los mercaderes, lo ató a una de las columnas de madera y luego se marchó hacia el puesto de Oren. Lucky y Moloc, por delante de él, avanzaban con la cabeza bien alta y la lengua fuera, olisqueando el aroma a salchichas frescas. Las mujeres y algunos hombres, acompañados de sus hijos, se arremolinaban en torno al puesto, del que se alzaba una voz grave anunciando su “carne fresca”.
Laxar hizo cola, pero enseguida la gente se marchó con unas piezas de carne. Lucky y Moloc se pusieron nerviosos.
Un hombre ni muy alto ni muy bajo esperaba detrás del mostrador.
Tenía arrugas en la cara y estaba calvo, tenía también unos grandes ojos negros y un gran bigote marrón. Iba vestido con una camiseta blanca y unos pantalones marrones, con un delantal colgado al cuello.
- ¡Hombre, Laxar! ¡Cuánto tiempo!- saludó Oren- ¿Qué tal os encontráis tú y tus tíos?
- Bien- agradeció- Pero yo no soy el único al que quieren que les saludes-
Oren levantó la cabeza por encima de la carne. Lucky y Moloc se abalanzaron sobre él, saltando de un golpe la exposición.
- ¡Hola, amigos!- rió- ¿Qué tal, he? ¡Qué monos estáis, no habéis cambiado nada!
El mercader se levantó y sacudió el polvo de su delantal, luego se acercó a una madera de la que tenía enganchados grandes tiras de salchichas y de chorizo, quitó dos piezas de cada una y se las tendió a los perros, que las cogieron con sumo cuidado.
- Bueno, ¿que te cuentas?- preguntó Laxar.
- Si quieres que te lo cuente, esta tarde, al anochecer nos encontramos en la posada- contestó.
- Nos veremos allí.
Oren asintió.
- Si quieres llama a tu amigo Kark, seguro que este tema también le interesa.
Laxar calló por un momento, luego habló.
- Pero, ¿por qué no me lo puedes contar ahora?- preguntó- ¿Tan importante es el tema que no se puede enterar nadie más? No lo entiendo, es una simple travesía.
- No digas simple a lo que hemos vivido los mercaderes y yo- la voz de Oren se tornó de una forma grave y ronca, su cara se ensombreció y miró a Laxar con los ojos fuera de las órbitas.
- De acuerdo- sentenció Laxar- Al anochecer en el Real Trovador.
Oren asintió y tendió unas piezas de carne a Laxar.
- Debajo de las carnes hay una daga- dijo- No se te ocurra hacer que entre en contacto con tigo ni con sangre, o si no tendrá ganas de más y te utilizará para fines malvados. No la saques de su funda bajo ningún concepto- advirtió.
Entonces una avalancha enorme de personas se abalanzaba en torno a su puesto, alejando a Laxar del mercader y de las preguntas que todavía le quedaban por realizar.
Volved con el amo
Laxar fue directo a la armería a buscar a Kark, que se encontraba hablando con el mercader sobre una daga: la empuñadura estaba hecha de un material más suave que el cuero, con una hoja de unos veinte centímetros, un filo perfectamente tallado, dentado en simetría, con una franja en rojo brillante y destellante que lo recorría y unas formas extrañas de un rojo igual que la franja detrás de esta. El mercader agarraba la daga por la empuñadura, y se la tendía a Kark. Lucky tomó la iniciativa y se acercó a él, luego Moloc y, para no perderse entre la gente, Laxar también.
- ¿Y cuánto pide por ella?- preguntó Kark.
- Nada- contestó el viejo mercader- Te la regalo, si es lo que quieres.
- ¿De verdad? Gracias, no se lo que decir.
- Pues nada más que gracias, y como ya lo has dicho, te puedes marchar.
Una vez lejos del puesto se pararon para contemplar la daga: era toda una joya.
- ¿Por qué piensas que te la ha regalado si no te conoce de nada?- inquirió Laxar.
- ¿Por qué lo piensas tú?- preguntó Kark.
- Sencillamente porque no tiene una forma que presagie algo bueno- contestó Laxar- Si no que todo lo contrario.
- No sé que decirte- contestó Kark tajantemente- Pero a mí me gusta- se guardó la funda de cuero con figuras igual de raras que las de la hoja de la daga, esta vez bordada en oro en vez de rojo. Tenía una expresión seria en la mirada.
- Pues quédatela- cortó Laxar.
Una vez zanjado el asunto, se marcharon del mercadillo. Laxar recogió a Crisol de la cuadra improvisada, le montó y recorrió la plaza al trote hasta llegar a donde Kark le esperaba.
- ¿Montas?- preguntó Laxar.
Kark asintió. Con un salto se colocó en la grupa de Crisol, justo detrás de su jinete. Callejearon a trote hasta que llegaron a campo abierto, y desde la última baldosa de la ciudad galoparon por el camino que les llevaba hasta sus casas.
Llevaron directamente el caballo a la granja de Laxar, no sin antes parase en su respectiva casa para dejar la carne y coger la funda de la daga escondida entre las piezas. A continuación, fueron al bosque de Etnafele.
En esta expedición, Thor, el pastor Alemán, se unió a ellos. Ya tenían claro a donde ir. Bordearon la granja con propósito de irse al bosque. Era el lugar que a los dos jóvenes preferían para despejarse de las rutinas del día.
A medida que avanzaban y bordeaban árboles, más oscuro se hacía, hasta el cierto punto en el que era tal la espesura que casi no había luz solar. Después de haber pasado entre árboles y árboles se detuvieron en un claro, en el que tampoco había apenas luz debido a la frondosidad de los árboles que bordeaban la Piedra Terra. Según las leyendas un meteorito se partió en cuatro trozos y uno de los fragmentos cayó en un bosque sin final, el Etnafele, y de allí la construcción del templo, que se encontraba al límite del pueblo.
La piedra, tan alta como dos veces Kark, estaba anillada por dos piezas de oro que dibujaban una x. Los anillos tenían grabadas en ellos runas antiguas, escritas según parece en idioma élfico. Desafortunadamente nadie sabía lo que significaba. Tumbados alrededor de la piedra se encontraba una manada de lobos que los jóvenes conocían muy bien. Sobre la piedra milenaria se encontraba tumbado Canis, el jefe de la manada.
- ¿Canis?- preguntó Kark. El lobo levantó la cabeza y miró a los chicos, a continuación se levantó y estiró y después saltó, cayendo con un ruido hueco sobre el suelo húmedo.
Lucky, Thor y Moloc se adelantaron y empezaron a jugar con dos jóvenes lobatos. Canis ni se molestó.
- ¿Qué tal estás, amigo?- preguntó Laxar, a la vez que se agachaba para acariciarle.
El lobo se levantó sobre sus patas traseras y apoyó las delanteras en las rodillas de Laxar, pidiéndole que le acariciara. Laxar aceptó la petición.
Los perros y los lobatos gruñían y se revolcaban por los suelos, dándose zarpazos y mordiéndose las orejas.
Canis se apartó de Laxar y pasó por medio de la fiesta. Thor le dio un mordisco en la oreja para que jugara con ellos pero el lobo hizo caso omiso de la oferta y subió de nuevo con un magnífico salto a su lugar de descanso.
Kark y Laxar se sentaron a los pies de la piedra, al lado de una hembra. Kark se metió la mano en un bolsillo y sacó la funda con la daga. La desenfundó y alzó contemplando su deslumbrante belleza.
- Es bonita, ¿verdad?- preguntó Kark
Laxar asintió.
- Espera.
- ¿Qué?
Laxar se metió la mano en el bolsillo derecho del pantalón y sacó una funda de daga idéntica a la que sostenía Kark.
- ¿Qué es eso? ¿Quién te la ha dado?- inquirió Kark.
- Oren- contestó el joven.
- ¿Oren?
- Sí, Oren. A parte de darme la daga me dijo que nos reuniéramos con el al anochecer en el Real Trov…
La daga de Kark emitía un gran destello anaranjado. El joven la soltó pero la daga se quedó flotando en el aire emitiendo un deslumbrante haz naranja que traspasaba la funda como si de cristal se tratase. Después empezó a emitir los destellos a pautas diferentes.
Justo en ese instante la daga que Laxar tenía en la mano se elevó a la misma altura que la otra daga. A continuación, cada arma salió de sus respectivas fundas brillando intensamente, como si se estuvieran comunicando con alguien.
Canis, el lobo, se irguió sobre la piedra y aulló, con lo que toda la manada, inclusive los dos jóvenes, se levantaron de un salto.
Los perros de Laxar se juntaron a él, mientras que la manada y Kark salieron corriendo en dirección de los árboles.
- ¡Vamos Laxar, corre!- exclamó Kark, que se había colocado al lado de la piedra.
Las dagas suspendidas aún en el aire, emitían unos destellos con los que alumbraban medio bosque del Etnafele. Se colocaron en vertical una en frente de la otra y empezaron a dar vueltas una en torno a la otra, intensificando aún más el destello.
Laxar cerró los ojos y sólo fue una la sensación que notó, al contrario de lo que debería de estar sintiendo…
Frío.
- ¡Por el amor de Flashel, Laxar! ¡¡¡¡CORRE, POR LO QUE MÁS QUIERAS!!!- exclamó Kark.
Laxar movió con un gran esfuerza la cabeza, consiguiendo mirar a Kark.
- ¡¡¡¡ESCÓNDETE!!!!- exclamó.
Los perros aullaron y se encogieron en torno a Laxar, que permanecía de pié plantándole cara al gran destello.
Las dagas no paraban de dar vueltas, es más, cuando el tiempo pasaba ellas giraban aún con más potencia, emitiendo un haz que quemaba como Brek, la gran estrella que iluminaba sus días, iluminando todo el bosque sin fin, todo el territorio del Imperio, todo el continente, todo el mar y, al final, toda Zodiabat, el mundo en el que vivían los dos jóvenes.
Pero, entonces, todo acabó.
- Kark.
- Estoy bien.
El joven salió de detrás de la piedra, con la cara pálida. Se acercó a las dagas y esperó a que Laxar reaccionase.
El chico se acercó también a su daga y estiró la mano a la vez que la de Kark, pero justo cuando fueron a tocarlas éstas retrocedieron, evitando su contacto.
- ¿Qué diablos…?-
Kark no pudo terminar la frase.
Justo delante de ellos apareció una figura alta, con una gruesa armadura sobre todo su cuerpo, la cara demacrada y pálida, los ojos y el pelo negros y con media sonrisa dibujada en sus labios rojos carmesí.
El corazón de ambos jóvenes se encogió, sintiendo un escalofrío y luego, por segunda vez…
Frío…
Srick, el soberano que controlaba todo el Imperio se encontraba delante de ellos, con las dagas en una mano, mientras que destellaban de forma agradable y reconfortable, como si estuviesen contentas de estar con el emperador.
- Graciasss por traerlasss hassta aquí- dijo Srick.
Su voz era suave y delicada, aunque siseaba de tal forma como si de una serpiente se tratase.
Kark se dejó caer contra el suelo, apoyándose sobre su rodilla derecha, haciendo una reverencia. Su corazón se contraía y sentía puñaladas cada vez que le escuchaba hablar.
- ¿Y tú no vasss a hacerle una reverencia a tu sssoberano?- preguntó Srick.
Alzó la mano y puso su palma a la altura del pecho de Laxar, con lo que casi se tuvo que agachar de lo alto que era.
- Sombgértue- dijo.
El chico fue atraído por una extraña fuerza que le obligó a arrodillarse, no sin antes luchar, pero sin llegar a resistir ni dos segundos…
Srick había utilizado magia.
- Assi esstá mejor- dijo suavemente, sin el menor de los remordimientos.
Laxar levantó la cabeza y miró a Srick de mala gana.
- ¿Con que essasss tenemosss?- dijo el rey mirando fijamente con sus góticos ojos negros al muchacho.
El chico sintió una puñalada en su corazón, pero siguió mirándole y plantándole cara.
- ¡No me miresss con essosss ojosss de plebeyo!- gritó.
Levantó la palma derecha y apuntó a la cara del joven.
- ¡Cränt god vü íporse!- exclamó.
Laxar se elevó, a un metro del suelo. Seguidamente, con un suave movimiento de la mano, el joven salió disparado hacia atrás, con una velocidad vertiginosa, y se empotró contra la piedra, cayendo de bruces contra el suelo.
Kark sintió una punzada de dolor en el corazón.
- Kark, por favor… haz algo. Ponle fin a esto-
Kark volvió bruscamente la cabeza y miró a Laxar, que estaba estampado contra el suelo.
- ¡No le mires! ¡Mírame a mí!- gritó el emperador.
Kark giró la cabeza y clavó sus ojos turquesas en los negros del rey.
Cuando todo parecía imposible, unos gruñidos terribles fueron emitidos entre los árboles.
Al instante, unas figuras fueron siendo visibles, y, poco a poco, la manada de Canis fue surgiendo entre la espesura.
Los perros iban con ellos, y en el momento en que vieron a Laxar tendido en el suelo, fueron corriendo a socorrerle, mientras que la manada se acercaba temerosamente al rey, arrinconándolo en torno a un árbol.
Kark se deshizo del hechizo y salió corriendo a ayudar a Laxar, que se levantó antes de que pudiese llegar a tocarle.
- ¿Estás bien?- preguntó.
- Si, perfecto- respondió el chico- Algo detuvo mi choque y mi caída, como una barrera.
- Da igual, lo importante ahora es ponerse a cubierto- advirtió el joven.
Laxar asintió.
Se levantaron y se refugiaron detrás de la piedra, asomando la cabeza cada uno por un extremo, mientras que la manada de Canis avanzaba hacia Srick.
El cuerpo del rey chocó contra el grueso tronco del árbol, mientras que los lobos le arrinconaban, aunque él parecía tranquilo y sonreía.
- Mart dergen- dijo el rey.
Un muro de fuego le rodeó, haciendo retroceder ahora a los lobos.
Con un estruendo, se esfumó y lo único que quedó de él fue una voluta de humo _________________
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DeRGeN
Holy Shadow


Registrado: 17 Oct 2006 Mensajes: 526 Promedio por Día: 0.72
Ubicación: en la frontera del sueño y la realidad
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Publicado: 19 Oct 2006 5:28 pm
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una de dos:
o no contestais por que es mu larga y os cansais de leer o por que no os gusta?? si es por algo decidmelo que no voy a poner una historia del kingdom hearts si no le gusta a nadie como escribo una cualquiera...
xfavor!! _________________
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welcome oblivion
Shadow Ball


Registrado: 20 Dec 2005 Mensajes: 226 Promedio por Día: 0.22
Ubicación: mudandome
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Publicado: 19 Oct 2006 5:54 pm
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pues bueno, dije que opinaria aqui, y aqui estoi, sobre el fic, muy largo, bien redactado, y no essssta mal, aunque en esta pagina ai otros fics que para mi gusto son mejores que el tuyo (sin animo de ofender), creo que si ubieses puesto un solo capitulo por cada post la gente lo abria leido mas,y, por supuesto, opinado mas, espero que lo continues salu2 _________________
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DeRGeN
Holy Shadow


Registrado: 17 Oct 2006 Mensajes: 526 Promedio por Día: 0.72
Ubicación: en la frontera del sueño y la realidad
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Publicado: 19 Oct 2006 5:58 pm
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ok
muxas gracias
de todas formas puedo seguir poniendo hasta artarme, o directamente escribir el otro de kingdom hearts... que hago??  _________________
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Recuerdos Lejanos
Lord of Darkness


Registrado: 27 Aug 2006 Mensajes: 1529 Promedio por Día: 1.96
Ubicación: Sevilla
Hombre

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Publicado: 19 Oct 2006 6:08 pm
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E leido el primer capitulo, esta bien redactado, y no esta mal.
Los demas no los e leido porke son muy largos y ai 2 o 3 en un post d
Respecto a la ultima pregunta ke as echo esta es mi respuesta
Opcion 2
Opzione Due
Zwei Optionen
オプション 2
Alternativ to
e.t.c. e.t.c. xDDDDDD respuesta internacional d
Te la abria puesto en mas idiomas pero no ai ganas XDDD _________________
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DeRGeN
Holy Shadow


Registrado: 17 Oct 2006 Mensajes: 526 Promedio por Día: 0.72
Ubicación: en la frontera del sueño y la realidad
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Publicado: 19 Oct 2006 7:15 pm
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ok, pos ahora empiezo a escribirlo, seguramente habrire 1 post nuevo, y gracias por opinar
otra cosa:
en donde estan los dos capitulos que dices?? en que post??
gracias _________________
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Recuerdos Lejanos
Lord of Darkness


Registrado: 27 Aug 2006 Mensajes: 1529 Promedio por Día: 1.96
Ubicación: Sevilla
Hombre

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Publicado: 19 Oct 2006 7:22 pm
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en el segundo ke as echo  _________________
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DeRGeN
Holy Shadow


Registrado: 17 Oct 2006 Mensajes: 526 Promedio por Día: 0.72
Ubicación: en la frontera del sueño y la realidad
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Publicado: 19 Oct 2006 7:29 pm
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no he hecho ningun otro post, y si es asi no recuerdo donde
me lo podrias decir??? no quiero parecer pesado, pero solo eso _________________
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welcome oblivion
Shadow Ball


Registrado: 20 Dec 2005 Mensajes: 226 Promedio por Día: 0.22
Ubicación: mudandome
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Publicado: 19 Oct 2006 7:31 pm
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en este mismo topic hiciste tres mensajes seguidos, pues en el 2º aparecen mas de un capitulo, eso es lo que dice mi amigo recuerdos lejanos (creo) _________________
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DeRGeN
Holy Shadow


Registrado: 17 Oct 2006 Mensajes: 526 Promedio por Día: 0.72
Ubicación: en la frontera del sueño y la realidad
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Publicado: 19 Oct 2006 7:43 pm
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aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
si es verdad, era para tener mas indice de popularidad XDXD
pues ahora mismo empiezo con el otro _________________
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DeRGeN
Holy Shadow


Registrado: 17 Oct 2006 Mensajes: 526 Promedio por Día: 0.72
Ubicación: en la frontera del sueño y la realidad
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Publicado: 11 Nov 2006 6:40 pm
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Comienza la leyenda
- No soy capaz de creerlo- protestó Laxar en una esquina del Real Trovador, justo al lado de la ventana- Empleó magia contra nosotros.
- No te preocupes- le intentó tranquilizar Kark, al que ya se le había pasado la palidez.
- ¿Cómo que no me preocupe?- interrumpió el joven- Ha utilizado magia, cosa que los emperadores tienen prohibido, ¿lo ves normal? Es más, no creo tampoco que el Imperio permita hacer daño, y menos con magia, a las personas que no sean esclavos- hizo una mueca de pena por la gente esclavizada- Así que, como tú comprenderás, sí es para preocuparse.
Los dos jóvenes callaron y bebieron cada uno de su jarra de cerveza fresca, intentando pensar en lo que les había pasado, pero en vano ya que había demasiada gente hablando en la taberna.
- Pero no tienes por qué ponerte así, Laxar, no tienes por qué pagarlo con migo- sentenció Kark.
- Lo siento- se disculpó el joven.
Una camarera se acercó a su mesa.
- ¿Queréis otra ronda?- preguntó.
- No tenemos más dinero- respondió Kark.
- No se preocupe por el dinero, déme tres cervezas, pago yo- dijo una voz a espaldas de la mujer
La mujer se apartó para dejar paso a un hombre de estatura normal, tapado entero por una túnica y un gorro de lana.
- ¡Oren!- exclamó Laxar.
La camera se retiró y entró por una puerta detrás de la barra. Mientras, Oren tomaba asiento en la silla restante.
- ¿Dónde está la daga?- preguntó inmediatamente Oren.
Laxar y Kark se callaron y miraron a la mesa, hasta que el rubio se atrevió a hablar.
- Verás… no es fácil de explicar porque…- el joven empezó a palidecer por momentos.
- ¿Qué ha pasado con la daga?- preguntó el mercader con un tono grave y más fuerte de lo habitual en la voz.
- Nos las han quitado- dijo por fin Laxar.
- ¿Que os las han…?- exclamó Oren, con la cara ya pálida.
- Otro mercader me regaló una daga igual que la que tú le diste a Laxar- informó Kark, con un tono seguro en la voz, aunque sus piernas temblaban- Por alguna razón quería deshacerse de ella de cualquier forma.
- No, no puede ser- dijo Oren llevándose las manos a la cabeza, y moviéndola de un lado para otro- Esto es imposible, no puede estar pasando.
La camarera llegó y dejó las jarras en la mesa, pero eso al mercader no pareció interesarle.
- ¿Por qué no puede ser? Dinos ya lo que está pasado, por favor, tenemos derecho a saberlo- dijo Laxar una vez que la camarera se había retirado.
El rostro de Oren se había quedado blanco tal como el de un muerto. Cogió la jarra y dio un largo trago.
- Os lo contaré si es lo que queréis- dijo.
Los dos jóvenes asintieron.
- Es una profecía, una profecía de hace más de doscientos años, de un milenio de antigüedad, una leyenda que trajeron las piedras elementales a nuestro mundo, inscrita en antiguo elfo en los anillos que protegen el poder de las piedras. Dice así, y os aseguro que una vez que la escuchéis no podréis liberaros de su hechizo:
“Los elfos llegaron a Zodiabat justo cuando llegaron las piedras milenarias. Todos los elfos se dividieron buscando las piedras, atravesando mares, montañas y tierras remotas, hasta que al final todas fueron encontradas y descifradas. Cada piedra guarda el poder de un elemento, que sólo puede ser entregado al elegido, ya sea a grandes distancias o cuándo ese elegido la toque. La piedra Terra guarda el poder de la tierra, que sólo lo podrá poseer una persona que pueda domar a una bestia, el coraje y la valentía propias de un glorioso y valeroso guerrero y que sea amable, bueno y gentil con todos y que tenga el valor necesario para labrar un destino y dirigir un imperio. En sus anillos pone que cuándo las dagas del mal y del bien fueran forjadas y ninguna de las cuatro quieran estar con su dueño, utilizarán su poder para ser lanzadas a sí mismas con la magia hasta un lugar seguro. Después de que hayan utilizado su poder, querrán volver con su amo, y no con su dueño, pero sólo ocurrirá cuándo ese amo las llame. Nunca antes. La segunda piedra, la del fuego, entregará su poder a una persona valiente, fuerte y segura de sí misma, que pueda empuñar una estaca envuelta en llamas sin sentir miedo a quemarse ni a la muerte, y con un corazón tan grande que no le quepa en el pecho. En sus anillos narra que habrá cinco personas gratas para llevar el poder de las cinco piedras legendarias, aunque no se sepa de ninguna quinta, y que cada persona tendrá como aliado a una criatura legendaria y a unas armas forjadas con su poder y que sólo la pueda utilizar el que la piedra elija. La tercera piedra, la del aire, busca a una persona dulce, valiente, amable y poderosa a la hora de la verdad. Sus anillos comentan que en el momento en el que todas las criaturas estén despiertas y que todas las armas estén forjadas, una gran guerra empezará, plantando su primera batalla en un paraíso, y destinando así el poder de una tribu legendaria y de los cinco elegidos. La cuarta piedra, la del elemento restante, dice que su poder será transmitido a un noble guerrero, valiente, fuerte y sobre todo con una privilegiada inteligencia. En sus anillos se cuenta que habrá una segunda batalla en una ciudad subterránea, habitada por criaturas sorprendentes y con un valor y un coraje insuperables. Y la quinta y última piedra es la piedra de la que ni los elfos encontraron y la que no tiene historia, ni una leyenda que contar como sus hermanas. Lo único que se espera es que alguien con el poder necesario atraviese el mundo entero para encontrar esa piedra y poder descifrarla, cosa que según las demás no pasará hasta el reinado de un hombre frívolo e inmortal en vida que será destruido por el más poderoso de los cinco grandes.”-
Laxar y Kark se quedaron callados, mientras que en todas las mesas de la posada la gente reía feliz y se divertía con su familia o amigos.
- Pero… ¿quiénes son esos elegidos? ¿Y como sabes tú todo eso?- preguntó Kark.
- Los elegidos son aquellos que las piedras elijan, y nadie puede saberlo, salvo ellas mismas. Y yo sé todo eso porque encontré las dagas malignas y ellas me lo mostraron en un sueño- contestó el mercader.
- Nos tenías que contar el por qué de que tu viaje haya sido peligroso – sentenció Laxar- Me has dejado con la intriga.
- Solo es que las dagas aparecieron del cielo como dos bolas de fuego y cayeron en el bosque. Yo fui el único que se atrevió a acercarse y fui el que encontró las dagas. Entonces, después del sueño las enterré, pero un poder me obligó a recogerlas otra vez, aunque solo recuperé una. La otra la debió de coger otro mercader y es la que te han dado a ti, Kark- explicó el mercader, recuperando su tono normal.
- ¿Pero por qué las dagas llegaron justamente hasta nosotros y no hasta otras personas? Quiero decir, que si nosotros fuimos los que vimos como las dagas llamaban a su amo emitiendo el destello, como su amo las recogía y como una manada de lobos y tres perros le plantaban cara aún sabiendo que no tenían nada que hacer contra él, pienso que no ha podido ser una coincidencia- dijo Laxar.
- Es una coincidencia, quieras o no, las piedras ya os habrían elegido si fuerais los héroes de la leyenda mediante las escenas que os mostraron las dagas- exclamó Oren, poniéndose serio- Lo que más me preocupa es que el dueño de las dagas sea Srick, porque las utilizará para sembrar el caos en la tierra- advirtió el mercader, con una súbita oscuridad en la mirada- Pero una cosa os tengo que advertir. No vayáis a la piedra Terra en una temporada, ya que puede ser peligroso y Srick puede encontrarse allí. Prometédmelo, por favor.
Kark miró extrañado a Oren mientras que Laxar miraba por la ventana. De pronto una punzada de dolor atravesó su cabeza y le vino una imagen del rey, después de Atarip y por último de unas dagas idénticas a las rojas pero talladas en verde, un color completamente distinto. Intentó resistir el dolor pero otra punzada llegó a su cabeza y las mismas imágenes volvieron a acudirle. Sin prestar atención al mercader, se levantó de golpe y salió corriendo de la posada.
- ¡Laxar!- exclamó Kark, tirando la silla al suelo.
Pero el chico ya había salido de la posada y no le escuchaba.
Salió corriendo con tanta rapidez como pudo y de un empujón abrió la puerta.
Laxar se encontraba en la esquina derecha de la calle, dirigiéndose a la cabaña de Atarip. En su cabeza seguían pasando las imágenes como estrellas fugaces, pero tan despacio para él que las veía durante lo que le parecía una eternidad, aún sufriendo con el dolor de las punzadas.
Kark miró hacia los dos lados de la calle, y pudo distinguir una sombra en la penumbra doblando la esquina derecha, el mismo camino que había tomando su amigo, pero la sombra era más alta que Laxar y además vestía con armadura y capa que ondulaba con el viento detrás de el. No se lo pensó un momento y salió corriendo tras el, pero en el momento en el que llegó a la esquina algo maligno le hizo detenerse. Dos seres, una cabeza más altos que Kark, vestidos con armadura negra y capa del mismo color, aguardaban al joven a un par de metros más adelante.
La luz de la luna se reflejaba en sus armaduras, que también tenían relucientes líneas plateadas, y en su cara.
El más alto, que le sacaba una cabeza y media al joven, tenía un aspecto deforme, con los ojos negros y achinados, una pequeña nariz y una fina, morada y asquerosa boca, de la que goteaba baba de color gris. Tenía unas orejas puntiagudas, y unos pequeños cuernos que le crecían entre el sedoso y oscuro pelo negro. El otro era un poco más bajo que su compañero, pero de todas formas seguía siendo una cabeza más alto que Kark. Tenía un ojo más grande que el otro, una gran nariz y unos labios gruesos de los que también goteaba baba. Tenía las orejas redondeadas, y en una le faltaba un cacho de carne. No tenía pelo, y se tapaba la calva con un casco agujereado del que salían los dos cuernos, más largos y formados que los de su compañero.
Dos asquerosos orcos eran los seres que se encontraban delante de él, bloqueándole el paso.
- ¿¡Qué le habéis hecho a mi amigo!?- preguntó, furioso.
- Ha pasado sin ningún rasguño- contestó el más gordo y bajo.
- No te preocupes, él seguirá vivo- dijo el alto.
Kark retrocedió, pero enseguida volvió a plantarles cara.
- Apartaos o yo…-
- ¿Tú qué? ¿Nos pegaras?- preguntó el más bajo.
El joven se agachó y metió una patada en las rodillas a los dos trasgos, consiguiendo desequilibrarlos y haciéndolos caer de espaldas.
Kark se irguió de nuevo, saltó por encima de los orcos y continuó su camino.
- ¡Cargülz! ¡Se escapa!- exclamó el alto.
Pero cuándo consiguieron levantarse ya se había metido por la calle siguiente y de allí a un callejón que daba directamente al bosque.
Laxar llegó al claro donde se encontraba la piedra Terra, atraído por unas misteriosas fuerzas místicas. La cabeza le retumbaba todavía, así que pegó la espalda contra la piedra, esperando a que los pinchazos cesaran.
- Por fin te has dignado a aparecer.
Laxar levantó la cabeza y se apartó de un salto de la piedra; después se giró instintivamente y miró a la penumbra.
- ¡¿Quién eres tú?!- exclamó. Sus palabras retumbaron entre los árboles, consiguiendo que una bandada de pájaros alzara el vuelo, asustados.
- ¿Quién te crees tú que eres para levantarme el tono de voz?
De pronto una sombra se movió entre los árboles, y se plantó en el claro, cerca de él. No era apenas dos años mayor que Laxar, de unos veinte más o menos, aunque se daba aires de gran dominio.
- Yo no me creo nadie, solo quiero saber quién eres tú y por qué tengo que tenerte respeto- contestó Laxar, plantando cara al muchacho.
Dio un majestuoso salto y se plantó detrás del joven, por lo que se tuvo que volver y pegarse a la piedra para mantener la distancia.
- Soy un alto sirviente del emperador- dijo solamente. Desenfundó su espada y apuntó con el filo a la cara de Laxar.
Los pinchazos aún seguían allí, en algún punto en concreto de su mente, pero también se mezclaban con una voz, un mensaje telepático que se había producido cuando entraba en el bosque, siendo un leve siseo, pero que se había intensificado cuándo había llegado a la piedra.
- Laxar- decía.
- Para ya- dijo para sí el joven, llevándose las maños a la cabeza.
Enseguida abrió los ojos y pudo ver en el último momento como el otro joven arremetía contra él.
La espada del individuó silbó en el aire y luego se empotró contra la piedra, a escasos centímetros de donde se encontraba la cabeza de Laxar, justamente en donde la tenía antes. La hoja volvió a silbar, y Laxar tuvo que echarse hacia la derecha en un ágil movimiento.
El enemigo volvió a atacar, chocando de nuevo contra la piedra. En esta ocasión Laxar tuvo que saltar hacia la izquierda para esquivar la estocada, que le rozó el hombro, haciéndolo sangrar.
- Estás empezando a irritarme, niño.- susurró el joven.
Kark corría sin parar, sin mirar atrás, poniendo la vista fija en la espesura del bosque, mientras que los dos trasgos le pisaban los talones.
Ha medida que se acercaba al claro, una tenue luz verdosa se iba haciendo más deslumbrante y visible, por lo que facilitaba el recorrido del bosque en penumbra: nunca se habían adentrado en el Etnafele de noche.
- Laxar- dijo la voz de nuevo, alzando un poco más el volumen- Laxar.
El joven se levantó y miró fijamente al individuo que le estaba atacando.
Iba vestido con una túnica negra, que no le dificultaba su movimiento con la esgrima, pelo negro y ojos marrones.
Otra estocada fue directa a su cabeza, pero esta vez algo la detuve y el agudo ruido del chocar entre dos metales se produjo al lado de sus oídos.
Giró la cabeza hacia la derecha y pudo ver al maestro Atarip bloqueando las estocadas que el joven le lanzaba.
Nunca había tenido la oportunidad de ver al maestro combatir, pero en ese momento lo hacía con una maestría propia de un gran maestro espadachín.
Una estocada del joven enemigo fue directa a su cabeza, el maestro levantó su espada y bloqueó su estocada. Después contraatacó con un potente mandoble, pero su rival no pareció inmutarse cuándo su camisa se rasgaba y un fino hilillo de sangre corría por su hombro.
- Morirás- dijo con una media sonrisa.
Todo ocurrió de una forma rápida y confusa.
El joven atacó y dio un tajo en la cadera del maestro.
En ese mismo instante, Kark se adentró en el claro, y al poco rato los dos trasgos le agarraron y tiraron al suelo.
El maestro se desplomó… Kark emitió un desolador y terrorífico grito… una lágrima corrió por la mejilla de Laxar… y un cegador haz de color verde emergió de los anillos de la piedra Terra, impactando en todos los presentes en la zona.
- Lo pagarán.
dejo otro capitulo por si acaso a alguien le interesa, y si puede ser que opine alguien, y me diga los fallos y todo eso
gracias y salu2
pd: siento el doble post _________________
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DeRGeN
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Registrado: 17 Oct 2006 Mensajes: 526 Promedio por Día: 0.72
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Publicado: 11 Nov 2006 7:22 pm
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lo siento pero no me salen cortos. lo he intentado mas de una vez pero no me sale, necesito escribir mas para que la gente se intente meter en la historia. si hay alguien al que le moleste lo siento, y si por el contrario hay alguien que quiera que siga que me lo diga _________________
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roxas 2
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