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Hilando Alas.

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Sefirot
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MensajePublicado: 16 Nov 2007 9:14 pm    Título del mensaje: Hilando Alas. Responder citando

Capítulo 1: Feliz Cumpleaños

“Dame un historia de violencia, de sangre y visceras. Una historia horrorosa y asquerosa. Dame una aútentica obra de arte”.

Nadie podía creer que una discusión entre una pareja podía llegar a esos extremos, nadie podía imaginar que un hombre que parecía tan poca cosa fuera tan violento, ni que empujaría a la chica hasta tirarla al suelo. Tampoco era posible pensar que en la chaqueta de ese traje había una pistola, ni que sería capaz de disparar cuatro tiros a la mujer. Pero, ante la escena, lo que nadie sospechaba, fue lo que ocurrió. Un hombre vestido con una larga gabardina de cuero negro se interpuso en el camino de las balas, cubrió a la joven y tras recibir los impactos de las balas, ayudó a la chica a levantarse y los dos salieron corriendo del restaurante de comida rápida en el que estos hechos ocurrieron.

Era una noche sin estrellas y dos figuras corrían dejando atrás peatones, vehículos y calles. Iban cogidos de la mano y sus miradas no se habían cruzado. Nada ni nadie se había cruzado en su camino, nada ni nadie podía haberlos detenido, parecía que sus pies no tocaban el suelo. Él giró a la izquierda entrando en un callejón claramente indicado por una señal. Allí se detuvieron y soltaron sus manos. Ella se apoyó en la pared y se dejó caer hasta el suelo. Él alzó su jersei y comenzó a urgar en una de las heridas de bala. La chica puso cara de asco mientras el hombre sacaba la bala de la herida, al ver que la herida se cerraba sola puso cara de sorpresa. Alguien gritó el nombre de la chica y ella instintivamente giró la cabeza y también gritó, cuando volvió la cabeza hacia donde estaba su salvador este había desaparecido. Sintió un escalofrío provocado por una racha de aire que venía desde arriba, alzó la cabeza y le pareció ver algo oscuro que se ocultaba en la azotea del edificio de diez plantas sobre el que apoyaba su espalda.


Dos horas más tarde la policía interrogaba a la chica sobre lo sucedido en la casa de sus padres. Esto fue lo que les contó:

- Llevaba tiempo pensando en romper con mi novio. Hacía tiempo que no nos iba bien. Era cuestión de tiempo. Pero jamás se había comprotado así. Estábamos cenando tranquilamente en el restaurante y cuando le dije que le iba a dejar su cara cambió completamente, comenzó a gritar. Le dije que se calmara. No me escuchó y decidí marcharme. Cuando me levanté, él también lo hizo. Comenzó a empujarme hasta que tropecé y me caí al suelo. No sabía que tenía un arma. No lo veía capaz de golpearme, menos de dispararme. Cuando escuché el diaparo creí que iba a morir... pero apareció ese chico que me cubrió...

- ¿Cómo era? - preguntó el inspector asignado al caso.

- Alto, delgado, vestía de negro, llevaba una gabardina larga de cuero negro. Su pelo también era negro y lo llevaba corto. Sus ojos eran de un color marrón oscuro.

- ¿Lo conocía?

- No lo había visto nunca.

- ¿Lo vio en el restaurante en algún momento?

- Creo que no.

- Los testigos dicen que apareció de la nada.

- Supongo que todo el mundo estaba pendiente de nuestra pelea.

- Es posible. Continúe contando lo que pasó.

- Después de los diaparos ese chico se incorporó y tiró de mí para levantarme y salimos corriendo. No sé cuanto tiempo pasó ni cuanta distancia recorrimos hasta el callejón.

- ¿Estaba herido? - interrumpió de nuevo el inspector.

- Si, por el camino vi como caían gotas de sangre y al llevar al callejón se levantó el jersey y pude ver una de las heridas y luego... - se detubo.

- Continúe, por favor. - pidió el policía.

- Extrajo la bala.

- ¿Cómo?

- Con las manos... y la herida se cerró.

- Mmmm... ¿qué más sucedió?

- Alguien gritó mi nombre, me giré y contesté. Al volver la vista de nuevo hacia el chico, ya no estaba.

- ¿Desapareció?

- Supongo que encontraría la entrada a alguno de los edificios que nos rodeaba.

- ¿Eso es todo?

- El resto ya lo saben. Me encontró un amigo, era él quien había gritado mi nombre, me había visto correr por la calle, asustada y de la mano de un extraño. Nos había seguido hasta el callejón. Allí me encontró sola, le conté lo que había pasado y él les avisó a ustedes.

- Muy bien. Muchas gracias. Tome. - le dio una tarjeta. - Ese es mi número. Si recuerda algo más o necesita cualquier cosa no dude en llemarme. Hemos detenido a su... ¿novio? Por intento de homicidio y comenzaremos la busqueda de ese extraño chico de inmediato. Buenas noches y... feliz cumpleaños.

- Gracias. Hasta luego.


La policía abandonó la casa. Laura se quedó sola sentada en el sofá, agachó la cabeza y comenzó a llorar. Sus padres hicieron acto de presencia en el salón tras haber campañado a los agentes hasta la puerta. Se sentaron, uno a cada lado de la joven y la abrazaron, a su vez intercambiaron miradas de complicidad, de miedo, de tristeza. Asintieron con la cabeza, sabían que había llegado el momento, debían romper el silencio, tenían que contar el secreto.

- Cielo, tenemos que contarte algo importante... creo que es el mejor momento y, a la vez, el peor. Pero tienes que saber la verdad. Al menos pienso que es lo más justo. - dijo su padre.

Laura lo miró durante un largo rato, el hombre no pudo aguantar su mirada y giró la cabeza llevandose una mano a la boca. Ella, entonces, miró a su madre y esta, con lágrimas aflorando en los ojos fue capaz de hablar:

- No somos tus padres biológicos. Tampoco eres adoptada. - los ojos de Laura se abrieron como platos. - Simplemente te encontramos una tarde, en una calle, dentro de una caja de cartón. No acudimos a ningún lugar a denunciar tu abandono. Te trajimos aquí y te hemos criado, pero... - la mujer no pudo contener más el llanto.

- A nadie le extrañó tu presencia. - continuó el padre. - Ni al médico de cabecera, ni en el regristro civil, ni a nuestras familias ni amigos. Por un momento incluso nosotros nos planteamos que realmente eras nuestra hija. Era algo muy extraño. Y cuando cumpliste un año recibimos una visita muy extraña.

- Era un hombre joven, vestía un traje muy elegante. Lo recuerdo perfectamente porque le abrí la puerta. - comenzó la madre. - Pensé que era un vendedor, pero no recuerdo de que, traía unos folletos. Le dejé pasar y cuando nos sentamos los tres, las facciones de su cara cambiaron. Aún tiemblo al recordar su sonrisa.

- Preguntó por ti. “¿Qué tal está Laura?” dijo e inmediatamente fue a tu cuarto. Su rostro reflejó un gran placer y sus manos temblaron según se acercaban a tu cara. No le dejé que te tocara, le eché de casa a la fuerza y antes de cerrarle la puerta en las narices dijo que tendríamos noticias suyas. - dijo el padre.

- Una semana más tarde recibimos una carta, estaba en el buzón. Sin dirección ni sello ni remitente. Tampoco había ninguna pista sobre quien podía haberla redactado en su interior.

- La letra era muy refinada, elegante, pero su lenguaje era muy rebuscado. Venía a decir algo así como que nos dejarían criarte hasta que cumplieras la mayoría de esas. En ese momento vendrían a por tí.

- Por eso estubimos tan nerviosos cuando cumpliste los dieciocho.

- Pero no pasó nada y no ha posado nada hasta hoy, que has cumplido los veinte.

- ¡Basta! - gritó Laura, se levantó y se fue a su cuarto.

Se tumbó en la cama y se puso a llorar hasta que escuchó un golpe sordo. La caída de algo pesado en el salón.

Salió de su cuarto despacio y sin decir nada. Aún llevaba la ropa de la cena, unos vaqueros, un top negro y una camisa blanca. Su cabellera rubia caía sobre sus hombros y sus ojos azules habían enrrojecido por el llanto. Al llegar al salón vio que algo había cambiado. La lámpara de pie había caído al suelo y reflejaba contra la pared aquello que el sofá impedía ver, una figura tirada en el suelo sobre la que se encontraba una criatura. Se escuchó un crujido y el desgarrar de algo más grueso y más duro que cualquier tela. La criatura alzó la cabeza mientras masticaba, sonaba el chirriar de hueso contra hueso, la sangre chorreaba del hocico de ese ser hasta el suelo. Laura creyó estar ante un hombre lobo, pero cuando el ser se incorporó, descubrió cuanto se había equivocado. La piel de ese monstruo era de un color gris oscuro, sus pies recordaban a los de las patas traseras de cualquier felino de la selva, sus manos acababan en unas afiladas uñas de un cuarto de metro y su cabeza, en cierta madida, recordaba a la de un perro por su afilado hocico que dejaba ver sus afilados dientes entre los que asomaba una espesa espuma con cierto tono rojizo, y por las puntiagudas orejas; pero también poseía unos cuernos que nacían en lo alto de su cabeza y unos ojos grandes de un color rojo intenso.
Al ver a Laura algo parecido a una sonrisa se dibujó en su cara, dio un paso hacia ella, al dar un segundo paso todo su cuerpo cambió y se convirtió en un joven vestido con un traje que portaba una expresión de placer en su rostro que iba en aumento a medida que se acercaba a ella. Laura era incapaz de gritar, llorar o moverse. El monstruo transformado en joven estiró sus temblorosas manos hacia ella. Laura comenzó a sentir el ambiente pesado, cargado, sentía sueño. Parpadeó y vio como una sombra pasó ante ella arrastrando a su paso al ser que la acechaba. Laura se tambaleó, retrocedió y se apoyó en una pared, sentía que las fuerzas le fallaban, sentía que se iba a desmayar. Echó una mirada alrededor y entonces despertó al fijarse en que en el salón, al lado del sofá, el chico de la larga gabardina de cuero negro tenía agarrado por el cuello al joven trajeado, este pataleaba e intentaba soltarse sin éxito. Hubo un movimiento brusco, un chasquido se escuchó, un cuerpo cayó al suelo con los ojos en blanco y Laura, por fin, gritó.

- ¿Estás bien? - preguntó el joven. Laura era incapaz de contestar, sentía una fuerte presión en el pecho, sentía que se ahogaba, su mirada vagaba por el salón. Él se remangó y posó sus manos en el hombro de la chica, ella sintió una mezcla de frío y calor, pero no eran extremos, no eran intensos, eran suaves, la tranquilizaban. - ¿Estás bien? - volvió a preguntar, pero antes de oír ninguna respuesta comenzó a sonar una serie de golpes intermitentes y seguidos. Laura se llevó la mano a la boca y señaló al cuerpo del monstruo.

El ruido era producido por los golpes del cuerpo contra el suelo, estaba convulsionando frenéticamente. Finalmente se incorporó y abrió los ojos, ya no eran humanos, eran completamente rojos. El otro hombre que quedaba en la casa se volvió, echó hacia atrás su gabardina y desenfundó dos uzis. El cadaver andante siseó, saltó, se agarró al techo y se puso a gatear a cuatro patas en dirección a la ventana, saltó hacia ella, la atravesó rompiendo el cristal y arrastrando consigo cortinas y persianas. En ese momento comenzó la lluvia de balas hasta que los cargadores de las uzis cayeron al suelo sin hacer ruido. Laura se dirigió a la vantana, pero una presión en el hombro la detubo.

- No te acerques. Eso es lo que quieren que hagas. - dijo el hombre de negro y la chica asintió como si fuera la primera vez que lograba entender algo en ese noche.

Él volvió a cogerla de la mano como había hecho horas antes en el restaurante. Salieron de la casa por la puerta principal sin hacer caso a los curiosos que se reunieron alrededor de la casa tras oir golpes, gritos y disparos. Esa masa de gente tampoco les paró, ni les habló, ni les miró. Fueron ignorados como sino existieran y, sin embargo, les abrieron paso.


A Laura le pareció que habían tardado una eternidad en ese viaje, pero se sentía muy cómoda en el asiento tapizado de ese viejo descapotable negro. No había pasado en lo ocurrido, pero sabía de sobra que sus padres no-biológicos habían muerto. Quería creer que todo era una pesadilla, pero cuando el coche se detubo ante un destartalado edificio en mitad de un descampado supo que aquello estaba lejos de terminar. El conductor del coche se bajó de él, se acercó a la puesta del copiloto, la abrió y ayudó a bajar a Laura. Cogidos de la mano fueron hasta la puerta, el sacó una llave, pero antes de decidirse a abrir se giró hacia la chica y, tras mirarla de arriba a abajo, dijo:

- Una vez que entremos y cierre la puesta no se te ocurra soltarte de mi mano. - Laura asintió.

Giró la llave, cerró la puerta, se dieron la mano y comenzaron a andar por una sala oscura. Laura sentía miedo en ese lugar, tenía la extraña sensación de que miles de personas exhalaban un vapor frío en su cuello, tenía escalofríos y ganas de salir corriendo. Para alejar esas sansaciones comenzó a hablar.

- ¿Dónde estámos?

- En tu nuevo hogar.

- ¿Y dónde se encuentra?

- Donde nadie te buscará.

- ¿Porqué está tan oscuro?

- Por que aquí no llega ninguna partícula de luz, si llega es absorvida.

- ¿Por que?

- Por las sombras que nos rodean.

- ¿Qué sombras?

- Agudiza tu vista y lo sabrás.

Laura se esforzó por centrar su mirada en un punto sobre su cabeza y finalmente vio una gigantesca masa oscura que ocupaba toda la sala y que pululaba a apenas a un milímetro de ella, sin embargo, esa masa, huía de la presencia de su compañero, se alejaba de él, le tenía miedo.

- ¿Qué es?

- Una masa de sombras informe con el único objetivo de absorver todo lo que existe y vive. Un perfecto sistema de vigilancia y seguridad. Es una lástima que haya tantos humanos que fuerzan la puerta. La culpa es de la curiosidad de los mortales.

- Tú no eres normal... - comentó Laura. - ¿Qué era ese tipo que mató a mis padres?

- Alguien a quien han enviado tras de ti. Mató a tus auténticos padres, te dejó en la calle para que murieras. En sus planes no entraba la posibilidad de que te encontraran. Cuando lo supo, volvió, entró en tu casa, pero no hizo nada.

- ¿Por qué?

- Matarte entonces no habría servido de nada.

- ¿Y ahora?

- Ahora serviría de mucho. Al menos para sus planes.

- ¡No estás contestando a mis preguntas! - gritó Laura deteniendose.

- Si lo hago... - dijo él obligado a detenerse. - ...a mi manera. Digo lo que necesitas saber. Para que te quedes contenta prometo que tu próxima pregunta la contestaré a la manera que deseas, pero será la última por hoy.

- ¿Quién eres?

- Soy aquello que tu razón es incapaz de entender, aquello que tu imaginación es incapaz de concebir. Aquello que surante millones de años ha asustado a la humanidad y por ello decidieron adorarlo, porque no lo entendía. He existido desde siempre y espero existir para siempre. Pero no me confundasd con tu Dios ni con tu Demonio.

- No entiendo del todo tu respuesta...

- Pues tendrías que haber hecho otra pregunta.
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Ultima edición por Sefirot el 17 Nov 2007 11:49 am; editado 1 vez
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MensajePublicado: 16 Nov 2007 9:29 pm     Responder citando

Esta muy bien el capitulo, síguelo, que me has dejado con la intriga Shocked
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MensajePublicado: 16 Nov 2007 9:43 pm     Responder citando

Me ha dado miedo la parte del monstruo, me gusta la trama, pero tengo que resaltar que te confundes con las letras del teclado debido a que están muy cerca, pero eso es pasable. Espero que lo sigas, me está interesando.
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MensajePublicado: 16 Nov 2007 11:17 pm     Responder citando

He ido a leerlo, pero lo he visto demasiado largo, así que lo he guardado en Word hasta la próxima vez.
Intenta hacer capítulos más breves la próxima vez, por favor ^^.
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MensajePublicado: 17 Nov 2007 1:17 am     Responder citando

Bueno ya que he visto algo de interes comento que es un poco de refrito de otras cosas por salvar algunos personajes de otras historias que he puesto aquí y que por unas y por otras fui dejando. Y si, ooooooooooh, he vuelto a la fantasía. Hablar de uno mismo cansa aunque sea camuflado en relatos. además es algo que según voy escribiendo lo voy poniendo y hasta que no acabe los capítulos no va a haber novedades.

Delber escribió:
Esta muy bien el capitulo, síguelo, que me has dejado con la intriga Shocked


Vas a tener que esperar hasta la próxima semana, el capítulo está en marcha pero por el principio.

-Maiku escribió:
Me ha dado miedo la parte del monstruo, me gusta la trama, pero tengo que resaltar que te confundes con las letras del teclado debido a que están muy cerca, pero eso es pasable. Espero que lo sigas, me está interesando.


El miedo no ha hecho más que empezar. si, se que ahy fallos de ortografía, el corrector del word ha muerto y no me fijo mucho cuando escribo ni lo reviso o posiblemente cambiaría el capitulo mil veces.

Tyler Durden escribió:
He ido a leerlo, pero lo he visto demasiado largo, así que lo he guardado en Word hasta la próxima vez.
Intenta hacer capítulos más breves la próxima vez, por favor ^^.


Pues... el segundo tiene pinta de ser más largo XDDD. Lo pondré por partes.

Un saludo a todos.


P.D.: Pues si que había errores, pero no solo de letras confundidas, sino palabras enteras y alguna frase saltada.
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MensajePublicado: 24 Nov 2007 5:32 pm     Responder citando

Capítulo 2: Títeres.

“El mundo es un gran teatro de marionetas en el que nadie sabe quien tira de los hilos”.

Habían pasado dos días desde que Laura había llegado a esa extraña casa, no solo por la inmensa sala, sino por lo que se encontraba al otro lado de ella. La otra puerta de esa habitación daba a lo que parecía un piso en lo alto de un rascacielos, tenía grandes ventanas por las que se veía, desde lo alto, el centro de la cidad, cosa que era imposible, el edificio al que habían entrado no estaba en el centro de la ciudad ni era tan alto. Su sorpresa fue mayor cuando vio la que iba a ser su habitación, era de color blanco, completamente blanca, paredes pintadas de blanco y muebles de madera blanca, transmitían una clara sensación de paz y tranquilidad, algo que ella necesitaba, y una gran frescura. Tenía una terraza amplia, con vistas a un acantilado, que era golpeado por un silencioso mar que nunca estaba en calma.
Por la mañana desayunaban en la terraza del cuarto de Laura, comían en la fea y fría cocina moderna de color negro y rojo, y por la noche cenaban a la luz de las luces de la ciudad. El resto del día lo pasaba Laura sentada, sola, en uno de los sofás del salón, encendía la televisión y ponía música, miraba a la ciudad, intentaba mantener su mente ocupada.
El primer día que se despertó allí se dio cuenta que, por mucho que quisiera y deseara, todo lo que había pasado no había sido una pesadilla. Se dio cuenta que llevaba un camisón opaco blanco que no recordaba haberse puesto, pero que le daba igual. Salió a la terraza de su habitación y lo encontró sentado en una silla frente a una mesa en la que había una bandeja con un zumo de naranja recién exprimido, una taza media con café con leche, un plato de tortitas con nata y sirope de chocolate, y otro plato con pan y embutidos. Se sentó en la silla delante de la bandeja y sin decir nada dio un sorbo al café, era perfecto, ni frío ni caliente, algo dulce y sin saber mucho a leche. Su mente evocó otros tiempos, tiempos pasados, tiempos felices, tiempos que habían desaparecido. Su mundo ahora era distinto y todo giraba entorno al misterioso ser con aspecto humano que tenía enfrente.

- Empiezo a entender algo de lo que dijiste ayer. Este lugar es seguro porque está en todas partes y en ninguna a la vez. - dijo Laura.

- Es una forma de verlo. - comentó él.

- ¿Cómo lo ves tú?

- Esta en el lugar donde quieres tú estar. Ayer mientras todo ocurría deseabas estar lo más lejos posible, en el mar o en lo alto de un rascacielos.

- ¿Lees la mente?

- Sólo si quiero.

Laura comenzaba a estar harta de ese hombre, de su forma de hablar, de su tono, de las respuestas que daba, de todo.

- ¿Y este desayuno? - preguntó.

- Es lo que siempre has deseado desayunar pero nunca has podido por falta de tiempo para prepararlo. - contestó.

- ¿Hay algo más que haya pensado y deseado y que me quieras comunicar?

- El odio que sientes no lo enfoques hacía mi. Yo no tengo la culpa de nada.

- Podías haberlos salvado. ¿No eres omnipresente y omnipotente?

- Ya te dije ayer que no soy TU DIOS.

- De lo cual me alegro. Mi dios está muerto.

- Estás enfadada y lo entiendo.

- ¿Qué sabes tú del dolor?

- Más de lo que crees.

- Será de provocarlo.

- No entiendes nada.

- ¿Cuando lo entenderé? ¿Cuando todo el mundo que conozco muera?

- Cuando llegue el momento.

- ¡Ah, bien! ¿Eso es todo?

- No quiero discutir.

- Bonita postura. Pues sabes una cosa, ¡vete a la mierda! - gritó Laura.

Se levantó de la mesa, empujandola violentamente, lo que provocó que la bandeja se desplazara, que el vaso y la taza se cayeran vertiendo lo que quedaba en ellos. Entró en la habitación, se dirigió al baño, echó el pestillo y lloró mientras se duchaba.
En el armario de la habitación encontró toda su ropa. Decidió ponerse un chandal, así, al menos, estaría cómoda. Fue al salón donde estaba él, sentado en el sillón. Laura se sentó en el sofá.

- Voy a salir. Tengo cosas que hacer. Tú te quedarás aquí. Volveré para comer. No te molestes en preparar nada. Después de comer volveré a salir, tampoco vendrás, tampoco prepares nada. Yo me encargaré de todo cuando regrese. - dijo él, Laura no contestó, no dijo nada cuando se levantó, ni cuando se marchó cerrando la puerta.

Laura recogió el desayuno, arregló su habitación, colocó el armario a su gusto. Se asomó a la ventana del salón para ver como estaba el tráfico de la ciudad y vio algo en la televisión. Él regresó a la hora de comer y la comida apareció en la mesa de la nada. Laura cedió e intentó hablar con él, saber lo que hacía fuera, pero contestó con evasivas y después de recoger la comida se machó. La tarde fue larga y aburrida. Sin ganas de nada, sin nada que hacer. Se sentía sola, aislada y cuando él regresó por la noche poco cambiaron las cosas. No logró conciliar el sueño con facilidad y por eso se levantó tarde y se encontró sola en la casa. Le esperaba un caliente desayuno en el balcón de su habitación y el día pintaba igual que el anterior. Por eso, por la tarde poco después de volver a encontrarse sola tras una silenciosa comida, tomó una decisión.
Fue a su cuarto, abrió el armario y se puso un pantalón vaquero y una camisa vaquera. Cogió dinero, documentación y las llaves de su casa. Con paso decidido se dirigió a la puerta principal. Respiró hondo y la abrió. Echó un vistazo a la sala oscura y sin pensarlo dos veces cerró la puerta a su espalda y comenzó a correr hacia el otro extremo de la sala.
Sentía frío y miedo pero no podía dejar de parar, oía voces susurrantes que la llamaban, pero las ignoró. La oscuridad aumentaba por segundos, respiraba peor, se sentía más pequeña, acechada, rodeada. Vio la puerta, llegó a ella casi sin fuerzas. Cogió el pomo y al girarlo se dio cuenta de que la puerta estaba atascada, bloqueada, cerrada con llave y por más que tiró de ella no pudo abrirla. Forcejeó, incluso dio una patada, pero la puerta no cedió. Fue entonces cuando sintió que algo rozaba su hombro.

Caontinuará...
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MensajePublicado: 25 Nov 2007 12:54 pm     Responder citando

Se giró y pegó la espalda a la puerta. Delante de ella había una figura, no una masa informe de sombras. Vestía una larga túnica negra que cubría sus piernas y brazos, incluso su cabeza. La cara era una mascara blanca con rasgos neutros, dos franjas para cada ojo y otra para la boca, pero tras ellas solo se veía negrura. Sus gestos denotaban curiosidad.

- ¿Quién eres? - preguntó Laura.

- ¿Quién eres? - repitió el otro.

- Me llamo Laura. - contestó la chica.

- ¡Ah, Laura! ¡Así que tu eres Laura! - dijo el ser frotandose las manos. - Este es un sitio peligroso, ¿sabes?

- Si... pero quería salir de aquí.

- Nosotros tambiém queremos salir. - y cruzó los brazos.

- ¿Vosotros?

- Si, nosotros. Él nos llama sombras.

- ¿Tú eres una sombra?

- Todos nosotros lo somos. Soy uno y todos, la parte y el todo y, a la vez, el representante. - Laura agitó la cabeza mostrando que no había entendido nada. - Bueno, ¿tienes la llave?

- No.

- Me lo imaginaba, siempre la lleva encima, nunca la suelta. - Laura dio un paso hacia delante. - ¿Adónde vas? - preguntó poniendose a la defensiva.

- A casa.

- ¿Y crees que te dejaremos marchas sin más? - Laura tragó saliva temiendose lo peor. - Hace tiempo que no recibimos visita. Acompañanos un poco.

Durante una hora Laura se encontró en una situación un poco absurda. Estaba sentada en el suelo mirando a un ser, que no creía que fuera humano, vestido de negro y con una mascara blanca que paseaba de un lado a otro mientras contaba extrañas historias que no comprendía. Durante la primera media hora había estado buscando un nombre que darse a si mismo y había decidido que el mejor era Sombras y, a continuación, había estado criticando 'al dueño de la casa' en lo que Laura participó de buen grado. Pero todo había degenerado por culpa de una pregunta que decidió realizar la chica:

- ¿Desde cuando le conoces?

- Mmmm... Es una pregunta interesante pero genera una respuesta algo larga y compleja. - hizo como si mirara un reloj de pulsera que no tenía. - pero tenemos tiempo. - se sentó. - Llevamos aquí muchisimo tiempo, pero no nos referimos a esta casa no a esta sala. Estamos aquí desde antes que existiera...

- ¿Antes que existiera él? - preguntó Laura.

- ¡Calla, no interrumpas! - gritó Sombras. - ¡Claro que antes que existiera él! Antes que existiera el tiempo y el concepto mismo de existencia, estabamos aquí. Y todo comenzó a existir. Fue algo positivo, no estabamos solos. Pero los demás nos dejaron de lado, nos consideraban siniestros. - Laura se llevó las manos a la boca para contener una carcajada. - No les gustábamos. ¡Pero la aparición del apetito fue culpa suya! Pasó el tiempo, mucho, muchisimo y nos vimos acorralados, perdidos. Nuestro fin estaba cerca... y apareció él con una oferta. - Esta oferta. - abarcó con los brazos la sala. - Bueno, no exactamente esta. Él nos ofreció vivir en un lugar donde nadie nos molestaría y donde podríamos alimentarnos. Aceptamos, al fin y al cabo era un oferta de alguien como nosotros. ¡Pero nos engañó, no dijo que estaríamos encerrados por y para siempre! Y eso es todo.

- ¿Cómo que 'alguien como nosotros'?

- ¡Te he dicho que te calles!

- Pues si, es verdad, vuestros modales son idénticos.

- ¡Osas compararnos! - Sombras se levantó y comenzó a crecer. Su mascara blanca desapareció y la sala se lleno de esa oscuridad que lo cubría todo. Laura también se levantó y se pegó a la pared y cuando vio los tentáculos de sombra lanzarse hacia ella intentó retroceder.

Hubo un fogonazo de luz, los tentáculos lo esquivaron y retrocedieron hasta lo alto de la sala. Se escuchó un lamento y a una voz que dijo:

- Él es mucho peor de lo que piensas. Jugará contigo como si fueras un muñeco y cuando se canse de tí te lanzará lejos y te encerrará en un lugar que crea conveniente para tí.

Laura poco a poco volvió a acostumbrarse a la penumbra después de ese fogonazo de luz y vio que delante de ella se alzaba una figura que le resultaba familiar y que, por supuesto, llevaba la larga ganardina de cuero negro.

- Creo que quedó bien claro que no debías entrar aquí sola. - Laura permaneció en silencio. - ¡Podías haber muerto! - silencio de nuevo. - ¿Eso también te da igual?

- Y a ti te importa eso mucho, ¿verdad? Entras y sales y a mi me dejas encerrada. Cuando vuelves no me dices nada.

- Es imposible hablar contigo.

- No lo intentas.

- No me dejas.

- Si me contaras todo... quien eres, quien soy. Porque me buscan, quien me busca... ¿O es que como soy 'mortal' – enfatizó esa palabra - o humana o mujer no lo entendería?

- Saber demasiado es peligroso.

- No saber nada tambiñen lo es.

- ¡Basta! ¡Con lo simple que es callar y obedecer!

- ¡Ja! - dijo Laura y se due hacia la puerta que daba a las habitaciones habitables de esa casa. Él la siguió.

Una vez que pasaron la puerta, Laura se dirigió a su habitación y luego al baño. Él tiró la gabardina al sofá y se puso a dar vueltas por el salón.
Una hora después la sitiación era la misma y falto de paciencia llamó a la puerta del baño y dijo:

- Sal, por favor, tenemos que hablar. - no hubo respuesta.

Volvió al salón, pero esta vez se sentó en el sofá, mirando al reloj. Cuando pasó otra media hora se levantó bruscamente y con paso decidido se dirigió a la puerta del baño, por el camino había cerrado el puño de su mano derecha y lo había alzado lentamente. Cuando iba a descarga un golpe contra la puerta, esta se abrió y el brazo se detuvo a tiempo.
La hora y media que Laura había pasado en el baño había provocado un cambio en el físico de la chica. Su rizada cabellera dorada se había convertido en una corta melena lisa de color negro. Vestía unas botas altas, un pantalón y una blusa muy escotada, todo de color negro.

- Un cambio de imagen no te va a defender de ellos. Conocen la configuración exacta de tu espíritu y eso no se puede olcultar ni cambiar.

- Pero puede confundir a los que me conocen si me ven por la calle.

- Pero... - no terminó, Laura alzó una mano y muy seria dijo:

- Pero nada. No pienso seguir aquí. Prefiero morir en libertad a seguir viviendo encerrada en este sitio.

- En eso estamos de acuerdo. - estas palabras sorprendieron a la chica. - Pero salir ahora, es este mismo instante, de noche, es muy precipitado. Estas dispuesta a enfrentarte al mundo exterior, pero creo que no estas preparada... creo que nunca lo estarás. Pero la mejor preparación es el que sepas a lo que te vas a enfrentar fuera. - se dirigieron al salón y se sentaron uno frente al otro. - Y la mejor forma de saber esto es saberlo todo. - continuó. - No debe haber secretos, no debe haber rencores, debes obedecerme para que todo salga bien y pueda protegerte para lo que te espera. - Laura resopló. - Y para que empecemos con buen pie creo que debería presentarme. Puedes llamarme Ángel...

Laura estalló en carcajadas, Ángel cruzó los brazos y frunció el ceño. No necesitaba leer la mente de la chica para saber que las carcajadas se debían a que esta opinaba que su nombre no era el mñas adecuado para alguien que era lo que él decía ser.
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Delber
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MensajePublicado: 25 Nov 2007 7:26 pm     Responder citando

Cuanto tiempo que no venia por aquí, y veo que ya has sacado un nuevo capitulo.
La verdad es que este me ha gustado mucho mas que el anterior. Síguelo cuanto antes, quiero ver mas mas XD. Very Happy
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Solo Acaba de empezar...

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Sefirot
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MensajePublicado: 12 Dec 2007 1:13 am     Responder citando

Capitulo 3: Mundo exterior.

"Al otro lado de esa puerta se encuentran los mayores peligros, las peores pesadillas hechas realidad, todo lo bueno y lo malo que existe. Tras esa puerta está el mundo. ¿Te atreves a enfrentarte a él?"

Aquella noche, tras burlarse de ángel, Laura fue mandada a la cama sin saber nada. Fue la venganza, fue hecho a posta o fue la perfecta excusa: 'es muy tarde y mi historia muy larga'... fuera lo que fuera, el relato de ángel se retraso hasta el día siguiente.
Laura a penas durmió esa noche, por los nervios, por la impaciencia, por la curiosidad. Se levantó temprano, se duchó, se cambió, desayuno sola en la terraza de su habitación. Luego fua el salón y se sebtó frente a Ángel que estaba leyendo un periodico y lo dobló cuando ella se sentó. Primero comenzó a soltar una parrafada en la que rogaba a Laura que no lo interrumpiera y que dejara las preguntas para el final. Ella solo hizo una mueca, "ya empezamos", pensó, pero asintió.
El relato duró todo el día, hicieron pequeñas pausas para comer, ir al baño, estirar las piernas. En esos momentos no comentaron nada, no hablaron de ninguna cosa y Laura no preguntó nada.
al final del día, al final del relato, Laura sentía que la cabeza le iba a estallar. Demasiados datos, demasiadas dudas, demasiadas preguntas. Estaba cansada, agotada. Susurró algo a modo de disculpa, como de buenas noches y se fua a su habitación.
Esa noche tuvo sueños extraños. Eran imágenes que representaban lo que le había contado. Ese extraño origen del mundo en el que todo comenzó a existir porque si. El lugar que ocupaba Ángel en todo ese extraño conflicto de generacions y generaciones de...¿dioses? Su propio papel en esa guerra interminable como última descendiente de una familia de... ¿héroes? ¿Por qué había relacionado esa historia con la mitología clásica occidental? sus pensamientos se mezclaron con sus sueños y evocó la figura de Ángel, vestido con una sábana a modo de toga de la antigüedad clásica. A continuación su sueñoe dio un giro, Ámgel era un cuentacuentos que pasaba las páginas de un libro y ella era la niña que escuchaba su historia.

- Cuando los demonios de la tierra enontraron el camino al cielo, los grandes dioses cerraron las puertas de las montañas y tiraron las llaves al fondo del mar, donde nadie las podría encontrar. Por mucho que rogaron los mortales, lo dioses no les yudaron ni les dieron ninguna posibilidad de salvación. poor eso, aquellos que queraron de ellos, atrapados entre los mortales, crearon a la hilandera. Tú eres la última de su linaje. - concluyó Ángel-cuentacuentos señalandola.

A su mente llegó la imagen de su abuela en sus últimos días. Sus padres creían que estaba loca, que deliraba, pero aún así permitían que estubiera con ella. Hablaba de su misión, de los hilos y de las alas. Dejaban que la contara sus extraños cuentos. Esa vez su cara era muy seria.

- Yo hilo conscientemente y por eso tu madre se enfada. Ella tiene el don, pero lo hace inconscientemente. Yo quiero que tú lo puedas ver, para ello debes concentrarte, ser valiente y no tener miedo. no hagas preguntas, pase lo que pase no pidas explicaciones, no dejes que te cuenten nada. Esto es un trabajo, una obligación, no un privilegio.

Hubo un nuevo cambio. Se vio en el mar. En medio de un océano. Flotaba sobre el agua. No podía saber donde estaba. Vio como dos figuras se acercaban a ella. A una la reconocío al instante. Reconocío el traje. Reconoció las manos que intentaban tocarla mientras temblaba. La otra figura detubo al monstruo con un gesto. Laura intentó gritar, moverse, pero no pudo. La otra figura era extraña, nueva. Parecía un hombre pero sentía que no lo era, al igual que sentía que Ángel no lo era. Era extraño... ¿desde cuando sentía que Ángel no era normal? El hombre vestía de balnco. ¿Por qué sentía que ángel no era normal? El hombre del traje blanco se acercó a ella. Su corazón se aceleró. Snetía calor, incluso... incluso sentía... placer. Se detubo a escasos milimetros de ella. Ardía, temblaba. Su cabeza se llenó de voces. "Este es el lugar". Ssus labios, temblando, , empezaron a abrise mientras que una serie de palabras comenzaban a hacerse grandes y claras en su mente.

- ¡Basta! - gritó una voz en ese lugar y todo comenzó a desdibujarse.

El cuerpo de Laura comenzó a retroceder atraida por una fuerza desconocida. La cara del hombre de blanco se retorcía en una mueca inhumana de odio y el monstruo se acercaba a ella sin alcanzarla.

Laura se despertó, se incorporó de golpe en la cama y gritó. Estaba empapada en sudor, temblaba. Intentó abrazarse a si misma y se dio cuenta de que alguien había cogido una de sus manos. Giró la cabeza y vio a ángel completamenteoa´lido y con los ojos en blanco. volvió a gritar.
un ligero temblor, como un escalofrío, recorrió el cuerpo de ángel y volvió a ser el de siempre. Laura se tiró a sus brazos y comenzó a llorar. Mientras el chico la abrazaba y acariciaba su cabello, dijo:

- Lo siento. Debí suponerlo. Este sitio ya no es seguro. Debemos irnos.

Continuará...
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Tilan
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MensajePublicado: 12 Dec 2007 1:47 am     Responder citando

Muy bueno, te seguiré leyendo.
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Comando Vodka
Nicolas-Sora escribió:
si solo era una broma hombre como me va a bannear por bromear hombre?
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Sefirot
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MensajePublicado: 19 Dec 2007 4:05 pm     Responder citando

Laura lo miró, asintió, se limpió la cara con la manga del pijama, se duchó, se vistió y al entrar al salón lo encontró todo cambiado. Todos los muebles estaban ta poados por mantas, plásticos, sábanas o toallas; parecía que nadie vivía allí desde hacía años. Ángel entró en el saón desde la terraza, fue directo hacia ella, cogió sus manos y mirando a los trsites ojos de la chica dijo:

- Las cosas se han complicado. Tu pelea con el inquilino tras la puerta número uno ha hecho que... - según hablaba fue girando si la cabeza y que subiera el tono de la voz. - ... se ponga en contacto con quien no debe. - terminó por gritar y la pared a modo de respuesta se convó. Iba a avanzar, pero Laura tiró de él. - Lo siento. - dijo mirandola. - Debemos marcharnos, eso supone que te enfrentes al mundo exterior sabiendo lo que sabes, las cosas de fuera no han cambiado, pero tú si y lo notaran los que no saben nada y los que si saben. Hay cosas que te he contado, hay cosas que no puede contarte, hay cosas qye no entiendes, tampoco sé si algún día lo entenderás. Te pido paciencia y confianza. Ahí fuera vamos a estar luchando contra dos bandos muy poderosos. Bueno... hay otros de nuestro lado, pero no saben nada de ti. Tenemos que irnos ya.

Ángel se dirigió a la puerta, Laura miró alrededor y vio un espejo descubierto que devolvía el reflejo de su nueva imagen. El pelo corto negro, la ropa oscura y una expresión de mirdo y de tristeza. Vio a ángel acercarse a ella, llevaba en las manos una chaqueta de pana negra con forro de borrego, se la puso sobre los hombros diciendo:

- Fuera hace frío.

Tras asentir se dieron la mano y cruzaron el umbral de la puerta.
No atravesaron la sala oscura, al pasar la puerta se encpntraron en el exterior, ante un edificio de pusis de estilo neoclásico, la típica arquitectura del centro de la ciudad. Estaba en una de las amplias y concurridas, tanto por peatones ocmo por vehículos, avenidas del centro d ella ciudad. Laura volvió a pensar que ese sitio, en el que había estado viviendo, estaba en todas partes y en ninguna a la vez.
Hacía frío, soplaba el viento, ella tenía frío en la cara. Los árboles tenían tonos marrones y grises, poco verde se veía, las hojas volaban hasta posarse en el suelo. El verano se había ido, llegaba el otoño. ¿En solo cuatro días? Miró alrededor y encontró carteles con publicidad navideña. ¿Era diciembre? ¿Habían pasado cuatro meses? Ángel cerró la puerta con llave, se acercó a ella y adivinando sus pensamientos dijo:

- Todos piensan que has muerto como tus padres. Era la ñunica solución.

- Me has robado mi vida. - dijo ella.

Se dio la vuelta y comenzó a andar sin escuchar lo que intentaba decirle Ángel. Aceleraba el paso contantemente y se puso a corrir sin darse cuenta. No se habría parado sino hubere visto a una mujer acercarse a ella. Llevaba un abrigo blanco que no tapaba sus piernas cubiertas por una smedias blancas y unas botas negras. Tenía rasgos asiáticos, sus grande ojos rasgados eran de oclor negro, su piel muy blanca salvo los pómulos y las mejillas que se habían teñido de un tono rojo debido al frío. Su fino pelo era también negro y prácticamente tan largo como su abrigo.
Caminaba hacia Laura, a su espalda dejó un árbol del que caían hojas de distintos tonos marrones. El tiempo pareció detenerse, pero en realidad avanzaba muy despacio, a cámara lenta. Cuando la mujer dio un paso la imagen cambió ante la atónita mirada de Laura. El árbol cambió, se lleno de pequeñas hojas rosas que caían sobre la mujer, una lluvia de hojas de cerezo. Y el abrigo, las medias y las botas fueron sustituidas por un kimono azul oscuro con adronod florares, de lo más bajo del kimono nacían unas plantas espinosas que rodeaban el cuerpo de la mujer, que a la altura del pecho daban lugar a unas rosas rojas. Avanzaba más despacio por la reducción de la capacidad de movimiendo del ajustado kimono. Sonreía y miraba fijamente a Laura. Cuando llegó a su altura no pudo sostener la mirada, cerró los ojos y al abrirlos todo había vuelto a la normalidad. Se giró y vio como la mujer se alejaba y como Ángel se acercaba. La cogió de los hombros y la hizo avanzar.
Cruzaron tres calles y entraron en una cafetería. Se sentaron en una mesa y Ángel hizo que miraba la carta, Laura se quitó la chaqueta de pana y comenzó a hablar para sí:

- No pensé que el mundo fuera tan distinto.

- Y no lo es. Eres tú la distinta. - dijo Ángel.

- Pero esa mujer...

- No era una mujer. - cortó Ángel. - venía del cielo.

- ¡Entonces nos esperarán al salir! - exclamó Laura.

- Ha pasado por tu lado y no se ha inmutado. No te habrá reconocido. - a continuación se levantó de la mesa. - Tengo que ir al baño, tener un cuerpo humano supone ciertas limitaciones. Pídeme un café.

Ángel fue al baño, usó el urinario, se lavó las manos y mientras se secaba las manos se quedó pensativo mirando al espejo. Tenía cara de cansado, “como si llevara viviendo mil años”, se rió de esa idea y se calló de golpe, miró alrededor comprovando que no había nadie más en el baño, y siguió observandose, no era solo cansancio, vio nerviosismo, preocupación y algo más que no sabía expresar. Sacudió la cabeza, se colocó el abrigo de cuero y salió del baño.
Al salir del baño notó que algo no iba bien. Al mirar a la mesa la encontgró vacía. Fue a la barra y preguntó al camarero por ella.

- ¡Ah, la chica! Se marchó sin tomar nada encuanto usted entró en el baño. Por sus caras parece que no les iba bien. Le habrá dejado. Pero no se preocupe amigo, hay más mujeres en el mundo. Venga, le invitó a una copa. - el camrero le dio la espalda mirando a una estantería. - ¿Qué quiere? - hubo silencio y se giró de nuevo. No encontró al otro lado de la barra. Lo único que le extrañó es no haber oído la puerta ni abrirse ni cerrarse.

Laura corría por la calle, era de día, pero la gente ni se inmutaba. Giró varias veces a la derecha y otras tantas a la izquierda, quería perderse en la ciudad para que Ángek no la encontrara. Se metió en un callejón y se apoyo en la pared mientras que recuperaba el aliento. Un pequeño estallido la sobresaltó, pero no se movió ni cuando vio pasar a un hombre armado que escapaba del callejón. Espero un tiempo sin moverse y luego fue al interior del callejón. Al fondo encontró a un hombre en el suelo, rodeado de sangre y con un agujero en la cabeza.
Por alguna extraña razón se acercó a él y se agachó a su lado, sintió un escalofrío y giró la cabeza hacia la derecha y allí vio una imagen traslucida de ses mismo hombre. De la impresión se sentó en el suelo y, casi arrastrandose comenzó a retroceder, mientras el hombre se levantaba y avanzaba hacia ella gritando:

- ¿Me puedes ver? ¡Estonces eres tú! ¡Cóseme las alas! ¡No quiero estar aquí! ¡Quiero ir al cielo! ¿Eres la hilandera?

Laura retrocedó asustada hasta que tocó algo sólido. Alzó la cabeza para ver a pocos milímetros de su rostro, la cara de aquella mujer asiática con la que se había cruzado en la calle. Sonreía y la besó en la frente, luego susurró:

- Tranquila, Laura, no pasa nada.

La mujer se incorporó y avanzó hacia el espíritu.

- No te mereces el cielo. - dijo.

Y la expresión de su rostro cambió completamente, no había sonrisa, no había calidez. Odio, solo odio. La mirada fría calavada en el espíritu. Este, asustado, retrocedía, tamblaba. Los pasos firmes de la mujer resonanban. Abrió la boca mostrando los dientes, como si fuera una fiera acechando a su presa. Alzó un brazo, abrió la mano mientras que la otra se cerraba entorno a la muñeca del brazo estirado...
Laura no vio nada de esto, no solo porque la mujer le daba la espalda, sino porque se habñia tumbado en el suelo, se había acurrucado y había cerrado los ojos. Desde que besara su frente había sentido mucho sueño y se había dejado llevar. Quería dormir y lo iba a hacer aunque estubiera en un callejón. Le pareció oir un grito, monstruoso, fantasmagórico, que en cualquier otra situación le habría hecho salir corriendo, pero era tan lejano... además, ¿quíen gritaba? ¿Ese espíritu inquieto por ir al cielo o aquella mujer, que según Ángel venía del cielo?... que más daba, tenía sueño y se iba a dejar llevar.
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Dark Master
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MensajePublicado: 19 Dec 2007 7:41 pm     Responder citando

Como lamento no haber visto tu historia antes, solo un pequeño fallo, que confundes las letras del teclado, sobre todo en en el ultimo capitulo...Espero que lo continues pronto, esta muy currda la trama.
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Hurra por PUTI CHOLVI!!!


El forochatismo vashegarrrr!!

Aqui la pagina wiki del "Vodka..Viva el aguarras!!
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Sefirot
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MensajePublicado: 20 Jan 2008 6:10 pm     Responder citando

Capítulo 4: Sírveme otra taza de té.

“Cuando depositen la bandeja en el suelo, acércate lentamente, de rodilla. Coloca el vaso cerca de él. Alza la tetera, despacio, suavemente. Comienza a verter al té, que caiga un fino hilo en el vaso sin salpicar ni una sola gota. Para realizar la manobra descubre tu muñeca. Cuando lo hayas servido, vuelve a poner la tetera en la bandeja y retrocede hasta ocupar tu lugar. Él no sabra si simplemente le has servido una taza de té o si has intentado seducirle”.

- Cuéntame todo lo que te dijo. - rogó una voz femenina.

Laura cerró los ojos y suspiró, pero antes de comenzar a relatar todo lo que le había pedido, recordó lo que había ocurrido desde el extraño suceso del callejón.
Se había despertado en un futón. Por la posición del sol debía de haber amanecido hacia pocas horas. Se sentía muy descansada, más de lo que había estado en mucho tiempo. Miró a su alrededor, por un segundo sintió un escalofrío, aquella sala le recordaba al salón del extraño lugar en el que había estado con Ángel, pero no lo era. Para empezar el suelo era de madera, no había sofás ni sillones, solo unos cojines alrededor de una mesa baja. Además estaba ese enorme lienzo en la pared, no sabía si lo que tenía dibujado era un kanji o una simple mancha de tinta, ya que no sabía nada sobre las lenguas orientales.
En ese momento sintió algo que ya había sentido en su último sueño, algo que sentía cuando estaba con Ángel. Se giró y vio a aquella mujer, ahora vestía un simple chandal, ahora llevaba su larga melena recogida en una coleta.
Se acercó a Laura, se paró a su lado y miró el cuadro.

- ¿Sabes que significa?

- No.

- Serenidad. Es lo que quiero para mi hogar.

- Desearía que se extendiera al resto del mundo.

- Si los deseos se hicieran realidad... - la mujer sacudió la cabeza. - ¿Qué tal estás?

- Bien... creo... ¿qué hora es?

- Temprano.

- ¡Uff! - suspiró Laura. - Comienzas a recordarme a él.

- Pero en realidad somos muy distintos.

- ¿Por qué tu vienes del cielo?

- Si. Entre otras cosas. Yo no te he encerrado en mitad de la nada. - se dirigió a la ventana e hizo señas para que se acercara.

Laura bajó del futón, intentó buscar sus botas, pero no las vio por ningún sitio. La madera no estaba fría. Llegó a la ventana y vio un cielo anaranjado, una calle y al otro lado un parque llono de árboles semicongelados y el cesped cubierto de blanco por las zonas en las que no se posaban los rayos del sol.

- Odio el invierno en esta cuidad. - dijo Laura.

- Ya, es más hermoso en la montaña. Pero, al menos, sabes donde estas. - Laura asintió y se alejó de la ventana. - ¿Qué quieres desayunar?

- ¿Qué tienes?

- Realmente solo tengo té, agua y zumo. - contestó la mujer. - Tendría que haber ido a la compra. - dijo en voz baja y mirando al suelo.

- ¿Qué desayunas tú? - preguntó Laura.

- Té con muchas pastas. Aunque es algo malo para mantener la línea. - y se rió.

- Creo que eso no es problema para alguien como tú. - comentó Laura.

- Intentaba ser simpática.

- No hace falta.

- Como quieras. - la mujer se dirigió a la cocina, llenó una tetera con agua y la puso a calentar.

- ¿Cómo te llamas?

- Izumi. - contestó la mujer.

- Un nombre apropiado para alguien que viene del cielo.

- ¿Por? - se interesó Izumi.

- Sé lo que significa.

- Ah... De todas maneras no vengo del cielo... bueno, si, pero llevo bastante tiempo aquí. Soy... una intermediaria. - Laura prestaba atención, pero no decía nada. Ya sabes... soy una especie de contacto entre el cielo y... bueno, llamaló infierno. No estamos todo el rato peleando a muerte, tenemos asuntos en común, cosas que nos molestan y preocupan a ambos, como...

- ¿Como Ángel? - interrumpió Laura.

- Desde cierto punto de vista, sí. - concluyó Izumi.

La tetera comenzó a emitir su silbido característico, Izumi lo retiró del fuego y comenzó a preparar una bandeja con dos tazas, unas pastas y la tetera. Llevó todo al salón, lo puso sobre la mesa, sirivó una taza a Laura y se la aproximó. La chica dio un par de sorbos.

- Está bueno, algo caliente, pero bueno. - Izumi solo sonrió. - ¿Por qué adoptaste esta forma y estas costumbres?

- Un poco para sorprender, otro poco para pasar desapaercibida. Y ahora me toca a mí prepuntarte, o perdierte algo.

- ¿El qué? - quiso saber Laura.

- Que me cuentes lo que te contó Ángel.

- Directa al grano. - comentó la chica. - Podría decirte cualquier cosa y no sabrias si es cierto o no.

- Podrías hacerlo, pero, dime, ¿Ángel te explicó que podría pasar lo que pasó en el callejón? - hubo un silencio. - Lo suponía. Los de tu linaje teneís un poder que también beneficia al cielo y conoceís un secreto que nos perjudica. Nosotros no queremos tu muerte. Ellos sí, una vez que conozcan el secreto. Tú eres consciente de tu poder. Lo viste en el callejón.

- ¿Era un fantasma?

- Era un alma. Tú eres quién decide quien merece ir al cielo y quien no. Les das alas.

- ¿Qué?

- Una forma de encontrar el camino para ir al cielo.

- No entiendo nada.

- Eso es porque Ángel solo te ha contado lo que a él le interesa que sepas. Así que te pido que me cuentes lo que él te dijo. - Izumi permaneció en silencio mientras daba otro sorbo al té.

- Está bien. Intentaré recordarlo tal y como lo dijo.

Continuará...
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