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Los Viajes del Trío

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Dark Sefirot
Son of Jenova
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Dark Sefirot

Registrado: 10 Mar 2005
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MensajePublicado: 24 Jul 2007 5:37 pm     Responder citando

LIV


Una vez se fueron Donald y Goofy, me apresuré ha nadar hacia la roca donde había estado escondida Ariel unas horas antes.
-¿Qué haces? –me preguntó Kairi.
-Desde aquí debería ver bien lo que pasa en la playa.
-¿No quieres perder de vista a Ariel? –preguntó algo recelosa.
-Por supuesto que no quiero perderla de vista. Está sola en un mundo que desconoce totalmente y no puede hablar. No es momento para estar celosos de nadie.
-Vale, vale. Se nota que te importa.
-No pasa nada, Kairi –dije subiéndome como pude a la roca-. Fíjate, el perro ese es el mismo que el que vino a buscar al tío que le gusta Ariel –entonces algo raro pasó-. ¿Eh? El perro a brincado pero se ha quedado quieto en el aire. ¿Lo ves, Kairi?
No me contestó.
-¿Kairi?
Pero Kairi estaba igual de quieta que el perro. Hasta el mar estaba quieto. Nada excepto yo podía moverse. Entonces vi a alguien caminando por encima del mar.
-Tu –dije-. Tu eres ese ser de luz de mi visión.
Y en efecto era aquella cosa con traje de Sincuerpo de color blanco, despidiendo luz por todas partes.
-En efecto –dijo; en mi visión no me había percatado de que su voz tenía la entonación de una mujer-. Venia a comprobar si has decidido seguir con tu destino.
-Pues si, lo he decidido seguir. Pero solo para evitar esa visión que me mostraste.
-¿Eres tan egocéntrico como para evitar que dos personas pasen el resto de su vida juntos?
-¡Quiero a Kairi! ¡Si puedo estaré toda la vida con ella!
El ser se mostró algo sorprendido por la afirmación que hice. Hasta yo me quedé traspuesto por lo que acababa de decir.
-Vaya, no recordaba que fueras así –dijo el ser pensativo.
-¿Cómo? ¿Qué has querido decir?
-Nada, olvídalo. Solo venia a ver como estabas.
-¿Un Sincuerpo se preocupa por mi? Que amabilidad.
-No soy un Sincuerpo, Sora. Solo alguien que te aprecia.
-Alguien que me… ¿Aeris?
-Me halaga que me compares con ella, pero no, no lo soy.
-¿Entonces quien eres?
-Adiós, Sora.
-¡Espera!
-¿Qué espere qué? –oí a mi lado.
Era Kairi, subiéndose a la roca de un salto. Me giré para buscar al ser de luz, pero había desaparecido. Todo volvía a moverse, desde Kairi, hasta el mar. Parecía que Ariel había conseguido alejarse del perro subiéndose a una roca, aunque el perro solo parecía querer jugar.
-¿Y bien? –me preguntaba Kairi.
-Nada. No es nada.
-Te has sonrojado. ¿Qué se te ha pasado por la mente, pervertido?
-Nada de eso –dije intentando desviar la mirada-. Mira, allí viene el tipo que salvamos de ahogarse.
Tras un rato intentando hablar con Ariel, esta y el tipo se fueron.
-¿A dónde se irán? –se preguntó Kairi.
-Bueno, Ariel tiene pinta de naufraga. Quizá la lleve a algún lugar donde pueda descansar.
-Se dirigen al castillo ese que hay al lado de la costa.
-Tendría narices que Ariel se hubiera enamorado de un príncipe. Venga, vamos a seguirles, que van a pasar cerca del río.
Nos lanzamos al agua y comenzamos a nadar cerca de ellos, a una distancia en la cual no nos pudieran ver. Subimos por el río hasta llegar a la entrada del castillo, pero una vez entraron Ariel y el tipo, no pudimos hacer nada más.
-¿Qué podemos hacer? –dijo Kairi- No podemos salir del agua por culpa de la transformación de Donald.
-Necesitamos una vista más elevada.
-¿Una vista aérea tal vez? –dijo una voz estridente por encima nuestro; al alzar la vista vimos una gaviota.
-¿Quién eres tu?
-Solo soy una vulgar gaviota –dijo posándose al lado nuestro-. Me llamo Caról y suelo proveer a las sirenas de diversos artículos, por un módico precio, claro.
-Anda –dijo Kairi-, como el que repartía petardos ilegales en las fiestas del pueblo.
-¿Tu comprabas petardos? –pregunté sorprendido.
-No –dijo rápidamente.
-¿Necesitáis algo? –decía la gaviota sacándose cosas de los plumajes- ¿Algas? ¿Perlas? ¿Trastos humanos?
-Hablas mucho para ser una gaviota –dijo Kairi.
-Solo soy un humilde comerciante, señorita. Por cierto, ¿de donde sois? No había visto tipos como vosotros en mi vida.
-Somos de un mar muy lejano –dije mirando a otra parte-. Oye, ¿podrías hacernos un favor y mirar por las ventanas de ese castillo?
-¿Y porqué debería hacerlo? Solo soy un humilde comerciante, como ya os he dicho.
-Hay una amiga nuestra en ese lugar –decía Kairi.
-¿Una sirena? –preguntó el pájaro confuso.
-Si. Bueno, no. Antes lo era, pero ya no. Es una historia muy complicada. Aunque según me dijiste, Sora, Ariel es muy propensa a meterse en este tipo de líos, ¿no?
-¿Ariel? –preguntó aun más confuso el pájaro- ¿Ariel es humana ahora?
-¿La conoces? –pregunté.
-Claro que si. Es mi mejor cliente. Hasta le doy cosas gratis.
-Se ha convertido en humana para poder estar con un tipo que parece que da la casualidad de que es un príncipe.
-Típico de ella. En fin, iré a echar un vistazo. Gracias por avisarme.
Y mientras la gaviota emprendía el vuelo, me sumergí lentamente hasta el lecho del río, pensando en que podríamos hacer. Intentaba encontrar una solución a esto, pero no se me ocurría nada. Para empezar, Ariel tenía tres días para enamorar al tipo ese, pero tenía que conseguirlo sin pronunciar palabra, añadiendo a eso el sufrimiento de andar. Si tal vez pudiera volver a ser humano…
-Estas divagando –dijo Kairi desconcentrándome-. Seguramente se te ocurrirán muchos planes estúpidos. Pero créeme. No siempre la mejor solución es la que se te ocurre a la primera.
-¿Entonces que sugieres que hagamos?
-Esperemos a que vuelvan Donald y Goofy o esa gaviota chiflada con nombre de mujer. Estoy segura de que a Ariel no le va a pasar nada.
-Pero es la primera vez que está en un mundo diferente. No puede hablar, no sabe de sus costumbres…
-Lo mejor será que regresemos a la costa a esperar a Donald y a Goofy. Si seguimos aquí algún pescador nos echará el ojo.
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Dark Sefirot
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MensajePublicado: 04 Sep 2007 8:29 pm     Responder citando

LV


Una vez llegaron Donald y Goofy íbamos a ponernos a formular algún plan, pero vimos como venían el cangrejo Sebastián y el pez Flounder con ellos.
-¿Qué hacen estos aquí?
-Son los mejores amigos de Ariel, Sora –dijo Goofy-. Se merecen saber lo que pasa.
-Mientras este no cuente nada por ahí -dije mirando a Sebastián.
-La ultima vez lo hice con toda mi buena intención –se defendió el cangrejo.
-En fin, a lo hecho, pecho –dijo Kairi-. Tenemos vigilancia aérea de la situación de Ariel; dentro de poco recibiremos un informe.
-¿Vigilancia aérea? –preguntó extrañado Donald-. ¿Cómo es eso? ¿Habéis echo un conjuro de cámara aérea sobre ella, o algo así?
-No, pero hay una gaviota chiflada con nombre de mujer que se ha ofrecido a vigilarla -dije.
-¿Gaviota? –dijo perplejo Sebastián- ¿Chiflada? ¡Oh, no! Otra vez esa gaviota. Quería hacer oídos sordos a los contrabandos de Ariel, pero esta vez ha ido demasiado lejos.
En esos momentos volvió la gaviota Carol, revoloteando nerviosa.
-Traigo noticias frescas. Vaya, se ha reunido toda la tropa. Hola, Flounder. Al parecer Ariel se va a quedar en el castillo un par de días. La han tomado por naufraga.
-Un par de días es lo que necesita Ariel –dijo Donald-. Quizá pueda engatusarle en ese tiempo.
-No tiene que engatusarle, sino enamorarle de verdad –le recordó Kairi-. Si no, no servirá de nada.
-Yo todavía no me entero –dijo la gaviota. Enseguida le pusimos al día-. Ya veo. Necesitaríamos vigilancia completa, las veinticuatro horas. Alguien que no denotara tanto o que fuera lo bastante pequeño como para acompañar a Ariel en todo momento.
Todos nos fijamos en seguida en el pequeño crustáceo
-Ah no –dijo nervioso-. No, no, no. Por nada del mundo…

-¿Qué tal vas por el castillo, Sebastián? –preguntábamos por el walkie-talkie.
Donald había conseguido encoger un walkie-talkie a tamaño cangrejo para que Sebastián pudiera comunicarse con nosotros. Le había llevado toda la tarde infiltrarse en el castillo.
-Es horrible. Casi me pisan tres doncellas y el cocinero me tiene manía.
-Se supone que no debían verte –dijo Kairi.
-Este lugar es enorme, maja –decía por el transmisor-. Todavía no sé en que habitación estoy; esto es enorme.
-Entonces sigue con la búsqueda –le dije-. Cuando la encuentres llámanos. Además, estamos estableciendo un vínculo mágico para poder comunicarnos mentalmente contigo en caso de que sea necesario.
-Esta bien, seguiré con esta misión imposible. Corto y cierro.
Se oyó un ligero ‘clic’ y el transmisor dejó de recibir señal.
-Ya casi es de noche –dijo Carol-. He de irme a mi nido o se me llenará de parásitos por la mañana.
-Nosotros deberíamos descansar también –dijo Donald.
-Conozco un lugar donde poder descansar –dijo Flounder-. No está muy lejos y no creo los tiburones nos molesten.
-Pues vamos para allá –dije-. Hasta mañana, Carol.
-Con Dios –dijo la gaviota alejándose hacia la puesta de sol.
Nos sumergimos y empezamos a seguir a Flounder por los corales, pero enseguida le perdimos. Nadamos un buen rato hacia la dirección que había tomado el pequeño pez, pero en seguida nos dimos cuenta de que nos habíamos perdido. Íbamos a retroceder cuando un tiburón se nos acercó por la espalda.
-En nombre de Ursula –dijo- ¡morid!
Enseguida una gran concentración de Sincorazón se nos abalanzó encima. Todos sacamos las armas y comenzamos a pelear. El tiburón también se lanzó al ataque, aunque pudimos esquivarle. Rápidamente se me abalanzó encima, pero cuando abrió la boca le coloqué la Llave Espada entre las mandíbulas, de modo que se le encajó y no pudo cerrar la boca. Intentó quitársela como pudo, pero hice un hechizo Paro que hizo que se congelase en el sitio. Aprovechamos que estaba paralizado para acabar con el resto de los Sincorazón rápidamente. Cuando estos se esfumaron hice que el tiburón se volviera a mover. Este se quedó asombrado por lo que había pasado.
-No se que habéis hecho, mamíferos, pero me vengaré de vosotros.
-Soy pato –dijo Donald ofendido.
El tiburón volvió a embestir contra nosotros, pero Kairi me cogió de la mano y me indicó que hiciera lo mismo con Donald. Una vez lo hice, Kairi susurró algo y de nosotros salió una especie de rayo que golpeó al tiburón con una fuerza brutal. Cuando pudimos mirarlo se había encogido tato que parecía una mandíbula de gato pegado a un pescadito.
-¡Toma ya! –dijo animada Kairi- ¡Siempre quise probar este conjuro, pero no tenía suficiente nivel mágico! –entonces nos abrazó a Donald y a mi y nos empezó a besar- ¡Os quiero!
-¿Y yo qué? –dijo Goofy riéndose.
-¡Oye! –le dije.
Sin embargo, el tiburón no parecía muy alegre.
-¡Me la pagareis, malditos mamíferos! –dijo nadando rápidamente en otra dirección.
-¡Soy un pato! –le gritó Donald.
-Muy bien –dije una vez se calmó Donald-. Vamos a hacer una visita a esa bruja del mar.

Ir a la guarida de Ursula fue más fácil de encontrar que el palacio, ya que encontramos a Flounder y este nos llevó a la gruta de la bruja. Cuando llegamos, nos encontramos a Ursula sentada delante de su espejo hablando por un teléfono hecho de corales.
-Si, hermana mía, la ayuda de tu mascota me ha servido de mucho. Desde que perdí a mis queridos Flotsam y Jetsam me he sentido muy sola. ¿Qué? Si, tu pececito ha fracasado, como mis dos pequeños miserables. ¿Qué por qué digo “pececito”? Ya lo verás cuando llegue a tu guarida del Ártico. Bueno, te dejo, que tengo visita –colgó el teléfono y se volvió hacia nosotros-. Disculpadme, hablaba con mi hermana Morgana. Es una pesada, pero la familia es la familia. En fin, ¿queríais algo?
-¿Qué si queríamos algo? ¡Has mandado Sincorazón contra nosotros! –le grité- ¡Y has timado a Ariel, dándole unas bonitas piernas a cambio de su voz!
-Un trato es un trato, nene –se defendió Ursula-. Ella solo quería una oportunidad para estar con su enamorado, y yo solo la ayudé.
-Claro, forzándola a firmar un contrato en el que si fracasa será posesión tuya –dijo Kairi.
-Es como una hipoteca. O pagas o te embargan. Es más, viene en el contrato que le hice.
La hoja de papel dorada apareció en sus manos y este se deslizó hasta delante nuestro.
-¿No temes que podamos romperlo o destruirlo? –dijo Goofy extrañado.
-Claro que no –respondió satisfecha-. Está protegido por una magia mucho más antigua y poderosa de la que tu nunca comprenderás. El poder judicial.
-Menos cuento, bruja –le dije-. Está claro que de lo de Ariel no podemos hacer nada ahora mismo, pero hay algo que quiero saber. Ursula, ¿cómo volvisteis tu y los otros? Dime la verdad.
-Es muy sencillo. No se si te fijaste, pero cuando arreglaste todos los problemas que causamos, todo volvió a la normalidad. Todos los corazones volvieron a ser como era antes.
-Eso ya me lo han dicho –dije; esto me dejaba dos cosas claras: que Pete no había mentido y que Ursula y probablemente los otros no sabían que todo fue el plan de Ansem.
-¿Entonces que quieres saber?
-Ya nada. Vamonos. Ya ajustaremos cuentas en otro momento.
Salimos de la gruta de Ursula muy alerta, para que no nos pudieran atacar desde ningún lado, únicamente las cosas que habían en la entrada quisieron hacernos algo, aunque únicamente me quitaron algún pelo de la cabeza. Nos fuimos nadando, algo cansados, hacia el lugar donde teníamos pensado ir a descansar, pensando en como sacar de esta situación a Ariel.
-Mierda –dijo Kairi.
-¿Qué?
-¿Y si la hubiéramos matado? Quizás el contrato ya no fuera valido.
-¿Matarla? -¿esa que lo había dicho era Kairi? ¿Mi Kairi?- Y lo dices ahora.
-Ya hemos llegado –nos indicó Flounder.
-Es… es una cueva –dijo Donald perplejo-. Y cutre.
-Lo dices solo porque esta hecha con deshechos del mundo de la superficie –dijo Flounder ofendido.
-Pero es cutre.
-Al menos a aguantado desde que la construimos la semana pasada.
-Pero es cutre –insistió Donald.
-Vamos a dormir ya, Donald –dijo Goofy-. Estoy cansado.
-Yo también –dijo Kairi bostezando-. Aunque deberíamos hablar una ultima vez con Sebastián, para ver como va la situación.
-Buena idea –dije, y cogí el walkie-talkie-. Aquí Adorable Pez de Ojos Azules a Molusco Colorado, ¿me recibes?
-Odio esos nombres en clave –sonó por el cacharro-. ¿Qué queréis?
-¿Encontraste a Ariel?
-Esta a mi lado, durmiendo. Menuda cama le han dado. Y que habitación.
-Pero Ariel esta bien, ¿no?
-Si, pesado. Y corta ya, que tengo sueño.
Cuando apagué el walkie-talkie, me fui a colocar entre unas cuantas algas que había por allí. Nada más tumbarme sentí un gran calor a mi alrededor. Me hizo bastante gracia ver que Kairi, Donald y Goofy se habían puesto alrededor mío para dormir. Con la compañía de mis amigos, me dispuse a echar una cabezadita…

Cuando abrí los ojos me encontré de nuevo en la gruta de Ursula. Me iba a preguntar que pasaba cuando me di cuenta de que era otro sueño de esos premonitorios. Vi a Ursula pasar de un lado para otro con varios frascos y utensilios, mientras que los echaba en su caldero diciendo cosas raras.
-…esencia del mar, para que su antigua forma sea la misma –dijo echando cosas al caldero-. Y por ultimo, parte del enemigo que los destruyó, para que estos sean más resistentes.
Vi como sacaba algo de lo que parecía ser una de las cosas que habitaban fuera de su guarida. Lo que sacaba era…
-¿Mi pelo?
-¿Eh?
Ursula se dio media vuelta, como si me hubiera oído, pero no me vio, así que echó los pelos que me habían arrancado antes en el caldero. La habitación se llenó de una gran luz, de la cual salieron las morenas de Ursula.
-Mis pequeños bebés –dijo Ursula feliz-. Al fin habéis vuelto.
Despierta, Sora. Despierta.
-¿Qué?


Abrí los ojos y me encontré cara a cara con Kairi.
-Vamos, maldito vago. Hemos de volver a la costa. Recuerda que es el segundo día del hechizo de Ursula.
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Jacobo
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MensajePublicado: 04 Sep 2007 9:47 pm     Responder citando

Genial sigue así Wink
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weee-man
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Registrado: 15 Apr 2007
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MensajePublicado: 10 Sep 2007 6:51 pm     Responder citando

Woooo


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Roxas-92
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MensajePublicado: 10 Sep 2007 7:48 pm     Responder citando

no se si es porque es la primera vez que leo KH, pero me suena un poco raro ver las palabras de Donald escritas.. xD creo que estas historias estan narradas mas bien al estilo de la saga "Harry Potter". Pero yo tambien pense que podia estar bien algun libro del Kingdom Hearts. Independientemente de todo esto esta muy bien.. Wink Very Happy t lo as currao bastante... Razz sigue asi.. Wink
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Dark Sefirot
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MensajePublicado: 11 Sep 2007 2:14 am     Responder citando

LVI


-No puedo creer que este haciendo esto –me decía todo el rato.
Durante todo el día habíamos estado siguiendo, a nuestra manera, a Ariel y al chico del cual se había enamorado, el cual se llamaba Eric. Habían estado todo el día paseando por la ciudad costera en una especie de cita. Al atardecer, habían quedado en un lago para ir en barca por el lugar. Al lago se podía ir a nado, pero habíamos decidido, por “unanimidad” que solo fuéramos Sebastián y yo, para no desentonar mucho. Por suerte, parecía que el Eric sentía afecto por Ariel. O algo más. Quizá el plan de Ursula tuviera un inesperado final, ya que parecía que se habían enamorado.
Ya en una laguna preciosa, con cientos de luciérnagas volando y animales haciendo ruido, la pareja decidió pararse para ver el creciente cielo nocturno.
-Acerquémonos con cautela –sugirió en voz baja el cangrejo.
Llegamos sigilosamente a la parte del bote que daba la espalda Eric, para que así no nos viera. La pareja charlaba animadamente, bueno, solo Eric.
-Aunque no puedas hablar –decía-, pareces una persona maravillosa. Pero todavía no se tu nombre. ¿Intento acertar el nombre correcto? –una sonrisa se dibujo en la cara de Ariel- Veamos… ¿Ángela? ¿No? Pues… ¿Jennifer? Tampoco, ¿eh?
No pude resistirme a decir por lo bajo:
-Ariel. Se llama Ariel.
-¿Aura? ¿Aurora?
-Que se llama Ariel.
-¿Aramis?
-Ariel, subnormal, Ariel –dije elevando un poco la voz, a la vez que Sebastián me golpeaba en las costillas.
-¿Ariel? ¿Si? ¿Ariel? Es un nombre precioso.
Entonces pareció que todo se detenía, mientras Eric y Ariel se acercaban uno al otro y se disponían a besarse, pero entonces algo golpeó el bote y los dos cayeron al agua.
-¡Mierda! –no pude evitar soltar.
Rápidamente nos sumergimos para buscar la causa de la caída del bote y enseguida vimos a las morenas de Ursula alejarse. Apreté a fondo y conseguí adelantarlas en el delta del río, interponiéndome entre ellas y el mar abierto.
-Malditas víboras. Creo que le mandaré un mensaje a Ursula de mi parte con vuestros cadáveres.
-No creo que puedas –dijo una.
-Nuestra señora acabará contigo –terminó la otra.
-Prefiero que me lo diga mientras os resucita de nuevo.
-No lo creo –dijeron a la vez, y se desvanecieron.
-Eso es nuevo. Sebastián –dije, intentando llamar al cangrejo por el vinculo mental que habíamos estado desarrollando-. Sigue a Ariel en todo momento. Si ocurre algo malo, llámanos enseguida.
Me volví hacia el mar, más concretamente al refugio que teníamos en aquella cueva “cutre”, como decía Donald. Llegué cuando estaban empezando a salir para ir a buscarme.
-¿Y bien? –me preguntó Goofy.
-Nada, fracaso total. Las morenas de Ursula impidieron el final feliz.
-Es una tramposa –dijo Flounder.
-Sigo diciendo que deberíamos haberla matado y hecho shushi con ella –decía Kairi, cuando más Sincorazón aparecieron a nuestro alrededor.
-Qué pesados.
Nadamos hacia ellos, atacándonos mutuamente. Eran muchos, pero no los suficientes como para detenernos durante mucho rato. Sin embargo, no paraban de salir, así que en cuanto tuvimos un pequeño descanso nos fuimos hacia la guarida de Ariel, donde estaba la cerradura, para ver si todavía estaba sellada o si se había abierto, como muchas otras. Cuando llegamos, un gran numero de Sincorazón se reunían en la entrada intentado pasar al interior. Un hechizo de Donald los hizo deshacerse de un golpe y nos dejó la entrada libre. Dentro del lugar había más Sincorazón rodeando a la cerradura, así que levanté la Llave Espada y esta selló la cerradura, mientras que los Sincorazón de alrededor estallaron y se disolvieron.
-Bueno, esto resuelve la duda de si la cerradura estaba sin cerrar –dijo Kairi cansada.
-Genial –dije-. Ahora tendremos que recorrer todos los mundos de hace unos años para cerrarlas todas.
-Y para colmo nos alejamos mucho de la costa –añadió Goofy.
-Habrá que darse prisa –dijo Donald.

Cuando llegamos de nuevo a la playa ya había amanecido, aunque seguíamos muy cansados. Subimos a la superficie y nos subimos a la roca desde donde solía mirar Ariel.
-Esperemos que venga la lechuza esa, que hoy es el tercer día.
Como si me hubiera oído, Carol bajó a toda velocidad desde las nubes.
-Necesitamos que vayas ya y que mires a ver que pasa –le dije antes de que la gaviota dijera nada, pero entonces sonó el walkie-talkie.
-¡Por el Gran Neptuno! ¿Hay alguien? –decía Sebastián con un extraño ruido nasal.
-¿Estás llorando? –preguntó Flounder.
-Si –dijo muy triste-. Es que si Ariel llora tan amargamente, yo también lloro.
-Espera un momento –interrumpí-. ¿Qué le pasa a Ariel?
-Esta mañana estaba radiante de alegría, porque Carol informaba de que el príncipe Eric se iba a casar.
-No nos has dicho nada –le acusó Kairi a la gaviota.
-No me habéis dejado hablar –se defendió.
-Pero entonces –continuó Sebastián- se enteró de que ella no era la elegida, pues el príncipe había elegido a otra mujer, a una que se ha sacado de la manga de la noche a la mañana.
-¿Quién es esa?
-Ni idea, pero se van a casar hoy mismo a la puesta de sol, en alta mar.
-Puede que sea alguna estratagema de Ursula. Hemos de ir a investigar, pero…
En ese momento todos esperaron a ver que hacia, como si yo fuera el líder de ese grupo tan grande. Entonces me di cuenta de que sí lo era.
-…pero nada. Carol, vigila a Ariel todo lo que puedas. Tu también, Sebastián. Nosotros les seguiremos la pista desde el océano.

Ya estaba la tarde acabando cuando vimos que el barco donde se iba a celebrar la ceremonia estaba desembarcando. Nos fijamos que en el puerto estaba Ariel escondida, apartada de todos los humanos y llorando desconsoladamente. Le dije a Flounder que fuera a decirle a Ariel y a Sebastián que se quedaran allí hasta que averiguáramos algo. Enseguida nadamos cuanto pudimos hasta llegar al barco, bien avanzada la tarde; sin embargo, la ceremonia todavía no había comenzado. Carol nos señaló desde el aire un ojo de buey y empecé a subir con esfuerzo por el casco del barco hasta llegar a la ventana. Una vez allí vi a la bella prometida de Eric arreglándose y cantando, pero me asusté de ver su reflejo en el espejo.
-¡Ursula!
Me tiré rápidamente al agua de nuevo.
-¡Dios mío! Ursula. Es Ursula. ¡Ha conseguido meter los kilos de pulpo que le sobraban en un espectacular cuerpo de una joven humana!
-Cuidado, Sora, que se te cae la baba –dijo Goofy riendose.
-¡Es la verdad! Su reflejo era el de la bruja del mar. Y llevaba el colgante ese donde está aprisionada la voz de Ariel.
-Voy a avisarla –dijo Carol y se fue volando rápidamente.
-¡Esperate, maldito pajarraco! –grité, auque no sirvió de nada.
-¡Tenemos que hacer algo! –decía Kairi.
-Como retrasar la ceremonia, o algo –decía Donald.
-Entonces conviérteme en humano de nuevo -le dije a Donald-. Aunque sea por unos minutos.
-Creo que podré –dijo Donald-. Pero necesitaré tu ayuda, Kairi. Y recuerda, Sora, que cuando vuelvas al agua, te transformarás en tu forma actual de nuevo.
-Venga, pero deprisa.
Kairi y Donald empezaron a recitar algo y mientras me elevaba en el aire, mi cuerpo brillaba y cambiaba de forma hasta llegar a la humana y…
-¡Donald! ¡Pero ponme algo de ropa encima!
-Ups.
-Desde aquí no estas tan mal –decía Kairi mirándome las partes del cuerpo que no había conseguido taparme, las cuales por suerte no eran muy intimas.
En seguida mi ropa de toda la vida volvió a mi cuerpo. Entonces me agarré al barco y comencé a escalar. Cuando llegué iba a comenzar la boda; la novia estaba ya en el altar.
-Que rápidos. A ver, Sora, piensa algo. ¿Qué haría Donald en mi lugar? –y la imagen de Donald berreando en su jerga particular me salió en la mente-. Mejor no. ¿Pero que haría, por ejemplo, Goofy para distraer a la gente?
-¿Y tu, Eric –iba diciendo el cura-, tomas a esta bella mujer como legitima esposa?
-Hola –dije en voz alta mientras cogía una botella de champán para aparentar estar borracho-. Sabéis quien soy, ¿no? –vale, esto no lo haría Goofy o Donald, pero había que improvisar; por lo menos ya todos se fijaban en mi-. Soy don Sora I y mi Cardo Borriquero –dije señalando a la novia-. Si, es muy de mala educación por mi parte, pero es que la tía es una guarra. Si vierais lo que hace en cada puerto…
Entonces vi como Ariel subía empapada por otro costado de la nave y se abalanzó contra la novia, tirándole el collar y liberando su voz. Parece que el príncipe Eric estaba bajo un hechizo, pues se tambaleó un poco y se frotó la cabeza.
-¡Eric! –la llamó Ariel.
En ese momento el sol se ocultó por la lejanía y entonces Ariel cayó al suelo, pues donde debía haber piernas ahora había una cola de sirena color verde jade.
-¡Demasiado tarde! –rió Ursula, mientras su cuerpo humano se deshacía y la verdadera Ursula se arrastraba hacia Ariel y se la llevaba de vuelta al océano. Eric quiso seguirlas, pero me interpuse en su camino.
-Tranquilo, iré a por ella. No te preocupes. Ah, y perdona por chafarte la boda.
Entonces me lancé al mar, y nada más tocar el agua yo recuperé mi forma de medio delfín. Me fijé que mis amigos ya seguían a Ursula, que huía con Ariel en brazos. En seguida la acorralamos junto a un acantilado.
-Ya no podrás huir, Ursula. Entrégame a Ariel.
-Eso nunca –nos dijo enfadada-. Teníamos un trato. Ahora ella es mía para siempre.
-No si hago yo algo al respecto –dijo alguien a nuestra espalda. Era el rey Tritón, acompañado de Sebastián y Flounder.
-Lo siento, Tritón, pero el contrato es legal. Valido e imposible de romper, inclusive por ti. La hija del rey de océano es un articulo increíblemente raro y valioso. Aunque debo añadir que simpre me han gustado las buenas ofertas. Estaría dispuesta a intercambiarla por otro pez aun mejor.
-¿Qué? –dijimos todos, incapaces de comprender lo que acababa de decir.
-¿No aceptas? ¿Entonces en que horrible forma debería convertirte? –le dijo a Ariel agarrándola del brazo.
-Espera –dijo Tritón-. Tu ganas.
Entonces apareció el contrato en el agua y Tritón dirigió tridente al contrato y la firma de Ariel cambió a la suya propia.
-¡No! –gritó Ariel.
Entonces Tristón se transformó en una de las criaturas que habitaban la guarida de Ursula, mientras que esta cogía el tridente y la corona.
-Al fin son mías.
Y entonces Ursula empezó a crecer… y crecer… y crecer…
-Otra vez no –dije con desgana.
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Dark Sefirot
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MensajePublicado: 23 Sep 2007 2:23 am     Responder citando

LVII


Ursula alcanzó un tamaño increíblemente grande, como la vez anterior. Puede que ahora fuera más grande.
-¡De nuevo el océano está bajo mis deseos! –decía triunfalmente- ¡Ahora no cometeré fallos! ¡Os destruiré en un parpadeo!
Ursula alzó el tridente y el agua empezó a arremolinarse a su alrededor, pero entonces esa misma agua salió despedida en todas direcciones, despejándose el agua del lugar y revelando el fondo marino. Se formó un gran remolino de aire dentro del mar, donde el agua no podía pasar. Entonces nos vimos arrastrados dentro del gran remolino y caímos al vacío, ya fuera del agua. Por suerte, Donald creó un bloque de aire en el suelo marino, ahora seco, que nos salvó de quedar aplastados. Entonces saqué la Llave Espada mientras me levantaba y… un momento, ¿de pie?
-Sora –me llamó Donald-. Parece que mi hechizo sigue funcionando. Mientras no te toque el agua, seguirás siendo humano.
En ese momento un gran rayo se dirigió hacia donde estaban Ariel y los otros, pero una barrera mágica lo bloqueó.
-Nosotros estaremos bien; date prisa.
Con Llave Espada a mano, corrí hacía Ursula, mientras pequeños rayos surgían del aire para atacarme. Los fui esquivando o rechazando hasta que llegué a uno de los tentáculos de Ursula; iba a golpearlo cuando este me agarró y me subió hasta estar a la altura de la cara de Ursula.
-¿Alguna vez has aplastado una pulga? –preguntó divertida.
-Las pulgas son difíciles de alcanzar –dije, mientras mi cuerpo se llenaba de llamas gracias a un conjuro, cosa que hizo que Ursula me soltara.
Sin embargo pude agarrárme a su tentáculo e impulsarme para saltar hasta su brazo. Empecé a correr por él, camino a la cabeza, esquivando cuantos rayos me lanzara. De su piel nacían tentáculos de oscuridad que me intentaban atravesarme o frenarme. Los cortaba con la Llave Espada, pero había muchos, así que me decidí ha saltar directamente hacia su rostro; pero cuando iba a golpearla interpuso el tridente, chocando con él. Intenté agarrárme a este, pero una descarga enorme de electricidad pasó por este, teniendo que soltarme para que el elevado voltaje no me matara. Caí desde una gran altura en uno de los tentáculos de la bruja; estaba intentando levantarme del golpe cuando noté que de la parte donde estaba arrodillado del tentáculo surgía una cosa oscura . Al instante, un tentáculo de oscuridad me atravesó el estomago. En seguida, Ursula me lanzó contra el suelo. Pude oír como los otros se preocupaban por mi, seguramente por la sangre que salía de mi espalda y de mi estomago. Estaban preocupados por mi; si caía yo los más probable es que Ursula los matara. No podía dejarlos así. Me había enfrentado a algunos de los Sincuerpo más duros que había y seguía vivo. Había derrotado a Ansem en su propio terreno y seguía aquí. Esa bruja no me iba a detener.
-No –dije intentando levantarme y muy enfadado-. Me niego a dejarme matar por un pulpo de cuatrocientas toneladas. Reniego de la muerte. Nada… me va a impedir… que te dé la del pulpo.
Me levanté de golpe, mientras sentía como la herida dejaba de dolerme. Me abrí la camisa y vi como esta cicatrizaba sola.
Otras cosas más raras me habían pasado.
De nuevo comencé a correr hacia ella, a lo que respondió con más rayos y con sus tentáculos, pero estaba ya bastante motivado para acabar con la bruja como para preocuparme de eso. Di un salto increíblemente grande que pude acogerme a uno de los tentáculos, salté de nuevo y llegué a otro, y así hasta que m e encontré de nuevo en su brazo. Salté hacia su cara, repitiendo la misma jugada de antes; Ursula también hizo lo mismo, pero esta vez esquivé el tridente en el aire, me apoyé en este y salté hacia su cara. Con un movimiento rápido de mi llave, una gran herida surcó el lado izquierdo del rostro de la bruja, desde la barbilla a la frente, pasando por el ojo. Ursula gritó de dolor.
-¡Pequeña sanguijuela! ¡Te aplastaré como la vil criatura que eres!
-Mira quien lo dice –dije divertido cuando salté al suelo.
Ursula entonces agitó el tridente y un haz de luz salió de este y empezó a vaporizar el lecho marino que tocaba. Me aparté de su trayectoria de una voltereta y volví a saltar hacia uno de los tentáculos, pero esta vez me agarró, tal como espera. Aunque apretaba mucho, tenía un brazo fuera del agarre, con la Llave Espada en mano. Ursula alzó el tridente y lo fue a lanzar contra mi cara, pero recurrí de nuevo al fuego para soltarme y salté en el justo momento en el que el tridente pasaba por donde estaría mi cabeza. Corrí por este hacia la muñeca de Ursula y, una vez allí, con un único movimiento de mi Llave Espada, la mano de Ursula se desprendió del resto del brazo. Ahora que estaba sin el tridente, empezó a perder poder, haciéndose más pequeña.
-Idiota –decía dolorida-. ¿Crees que por arrebatarme el tridente me debilitarías lo suficiente? Todavía puedo destruirte con uno de mis hechizos.
De su boca salió un gran rayo de energía, pero yo ya no estaba en la trayectoria del rayo. Sin embargo, este iba en dirección al mar; pude ver como golpeó a las morenas que la bruja tenia de mascotas, haciéndolas estallar en cachitos.
-Jo, que mala pata –dije.
-¡Bebes! –gritó Ursula-. Mis pequeños miserables.
-Tienes una manía un poco rara de llamarlos así –me burlé.
Mala idea. Ahora Ursula estaba cabreada de verdad. Cientos de rayos bajaron de las alturas para golpearme, pero yo ya había creado un escudo a mi alrededor para que los hechizos fallaran. Entonces cogí la Llave Espada, aprovechándome de que no podía golpearme, la cargué de toda la energía que pude, y la empecé a balancear, intentando que cogiera el máximo impulso posible y la lancé hacia el pecho de la bruja. La llave ascendió a gran velocidad y de un golpe seco atravesó el corazón de Ursula. El ojo sano de Ursula se quedó en blanco y se empezó a desvanecer. Una vez no quedó nada de ella, el remolino de aire se deshizo y empezó a caer. Aunque me convertiría en sirena una vez me tocara el agua, eran cientos de toneladas de agua las que me iban a caer encima; así que cree otra barrera, esta vez más dura que me protegía entero. Cuando todo el agua cayó, no pude evitar caer al suelo por el golpe que produjo al golpear contra la barrera. Pude ver como Donald y los otros se me acercaban, así que deshice el hechizo, transformándome de nuevo.
-Pero que bruto eres –dijo Kairi abrazándome-. ¿Cómo diablos te recuperaste de ese golpe en el costado? Sangrabas como un cerdo en el matadero.
-Simplemente soy bueno en mi trabajo –dije riéndome.
-Aun así has sido muy cruel al cortarle la mano –dijo en tono reprocharte Goofy.
-¿Cómo querías que la derrotara? –le solté-. Con el tridente era un peligro doble.
-Ya basta –nos cortó Ariel-. Vamos a ver a mi padre.
En ese momento vimos como Tritón recuperaba su forma original y recuperaba su corona y su tridente.
-Me alegra ver que has derrotado a esa bruja –me dijo-. Y esperemos que esta vez no vuelva.

Ya en la superficie de nuevo, más concretamente en la costa, estábamos con Ariel, viendo como veía al príncipe Eric sentado en la playa, como esperando que Ariel regresara. Ariel estaba muy triste, ya que no podría ir con su amado. No pudiendo ver esto más, me alejé un poco, en la dirección en la que estaba el rey Tritón viendo a su hija.
-¿Deseas algo? –me preguntó.
-La verdad es que si. ¿No ve a su hija? Realmente quiere a ese humano. ¿No podría… ya sabe… hacer algo? Usted es el señor del mar.
-Se lo ha ganado –le dijo Sebastián al rey, que no parecía muy convencido.
-Además –añadí- viven cerca del mar, no creo que sea muy difícil venir a visitarles.
Con una sonrisa en la cara, Tritón apuntó con su tridente a su hija, la cual empezó a brillar. Esta se volvió hacia su padre y le devolvió la sonrisa, junto a unas cuantas lagrimas de felicidad. Entonces, en lugar de la cola de sirena aparecieron un par de hermosas piernas y un vestido plateado cubrió su cuerpo. Entonces, corriendo sobre las aguas, llegó a la orilla y se abrazó a Eric, el cual estaba radiante de felicidad.
-Bueno, me temo que hemos de irnos –dijo Donald acercándose a nosotros.
-¿Ya?
-Si. No podemos tomarnos muchos descansos, pero ha sido una visita genial.
-Nos pasaremos algún día para ver como le va a la pareja –dijo Kairi.
-Cuidaos todos –añadió Goofy.
-Y no sea tan quisquilloso con sus hijas –terminé yo-. Por cierto, Donald, tienes que quitarme el encantamiento este.

Ya en la nave, habíamos salido de la orbita de Atlántica, rumbo a otros mundos que visitar.
-Ya están listas las coordenadas de los mundo que visitamos hace unos años –dijo Goofy.
-Bien –dije mientras me giraba e iba con Kairi-. Bueno, ¿qué te ha parecido este mundo?
-Me parece que ahora que Ariel ha conseguido novio deberás buscarte otra con la que pensar por las noches –dijo riéndose.
-Muy graciosa. Espero que estés preparada para los mundos que nos esperan. Los recorrí hace dos años y medio mientras te buscaba.
-Lo cual te agradezco –dijo dándome un beso en la mejilla.
Sin duda, un prometedor viaje para nuestros futuros viajes.
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Roxas-92
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MensajePublicado: 23 Sep 2007 11:57 am     Responder citando

Esta genial.. ^^ ya me voy acostumbrando..
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Jacobo
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MensajePublicado: 23 Sep 2007 12:03 pm     Responder citando

Muy bien sigue así Wink
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Dark Sefirot
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MensajePublicado: 29 Sep 2007 12:59 am     Responder citando

--Así a modo personal... tengo que decír que aquí es la parte del Fic que más me ha gustado escribir de cuanto llevo con la historia ^_^. Disfrutad.--


LVIII


Han pasado cuatro meses.

Al salir de Atlántica, fuimos avisando al resto de mundos que antiguamente estuvieron controlados por la organización de Maléfica y el resto de sus secuaces. Primero fuimos a Agrabah, donde nos volvimos a encontrar con Aladdin, Yasmin y el Genio. A Yaffar no nos enfrentamos en aquel mundo, pues la lampara donde le dejamos seguía escondida en la Cueva de las Maravillas; sin embargo tenían una buena plaga de bandidos, así que decidimos ayudarles un rato. A continuación regresamos a Ciudad de Halloween, donde Oogie Boogie intentó destruir la Navidad y a Jack Skelliton. Nada más sellar su cerradura volvimos al País de Nunca Jamás, donde el Capitán Garfio perdería de una vez por todas sus ansias de matar a Peter Pan. Aunque no entraba en nuestra ruta, acabamos en un lugar llamado Tierra de los Dragones, donde la Organización intentaba hacerse con el control de ese mundo. Allí tuvimos la ayuda de una joven guerrera llamada Mulán y del dragón Mushu, aquel bichejo rojo escupe fuego que nos ayudara algúna vez que otra en el pasado.

En todo este tiempo solo nos hemos encontrado a un Sincuerpo, el cual ni siquiera vi el rostro, ya que no combatimos contra él. Ni siquiera hemos visto a nadie del grupo de Mickey. Pero hay algo bueno en todo esto: Kairi está mucho más alegre y está muy a gusto con nosotros. Es curioso, ya que cuando volvió con nosotros estaba bastante distante, pero con el paso del tiempo ha estado más amable y abierta; es como si antes no recordara nuestra amistad y ahora por fin empieza a recordarlo. Cada vez pasa más tiempo conmigo y parece que siente algo por mi, aparte de nuestra amistad.

Tras salir de ese mundo, estábamos en la nave durmiendo con el piloto automático puesto, cuando de repente algo choca contra nosotros y me despierta de mala manera.
-La madre que… ¿Qué demonios pasa? –pregunté mientras me levantaba del suelo.
-Parece ser –dijo Donald- que nos hemos metido en un campo de asteroides.
-¿Y eso es malo?
-Estamos hablando de rocas del tamaño de casas, Sora. ¡Claro que es malo!
-Pues habrá que esquivarlas –dijo Kairi frotándose la frente.
-Esta bien –dije pesadamente-. Voy a los mandos.
Me senté tranquilamente en la cabina, cogí los mandos con desgana y empecé a esquivar los asteroides de una forma bastante elegante.
-¿Desde cuando conduces tan bien? –preguntó Goofy.
-No lo sé. Estaré inspirado.
-Espera, espera –dijo Kairi-. Da la vuelta.
-¿Por qué?
-Me ha parecido ver algo en una roca del tamaño de una isla.
Di la vuelta rozando una roca enorme y vimos una especie de edificación en un asteroide. Estaba rodeada de una gran cúpula y tenia aspecto de dojo. Cuando aterrizamos en una pista de aterrizaje, había carteles escritos en un idioma que no conocía.
-Es curioso. Esas letras me suenan, pero no se de que idioma se trata. Parece japonés o…
-Es cantonés –dijo Kairi-; la forma de escritura lo delata.
-¿Sabes leer eso? –preguntó Donald.
-Si. Dice “Entrad todos los que deseen aprender y sean dignos”.
-No es muy acogedor –dijo Goofy.
-Ya se de que me suena esas letras –dije, y saqué una tarjeta verde oscuro de mi bolsillo-. Kairi, ¿qué pone aquí?
-“Dojo Oriental Kábala”. ¿De donde has sacado esto?
-Me lo dio una mujer en el Comité de los Sabios.
-La sacacuartos –dijo Donald.
-¿La sacacuartos? –preguntó Goofy confuso.
-Es una larga historia –dije-. ¿Entramos?
-Por mi vale –dijo Goofy.
-Idem –respondió Donald.
-Esperad –dijo Kairi-. Si está en cantonés puede que el que esté ahí dentro solo hable cantonés. Donald, ¿conoces algún conjuro de idiomas?
-¿Un conjuro de esos que te hacen aprender un idioma que antes no conocías? No. Eso es magia de un altísimo nivel. Pocos en mi mundo sabían hacer ese tipo de conjuros. Yo tampoco.
-En tu mundo sois unos blandengues –dijo Kairi sonriendo; entonces un circulo de luz nos rodeó a todos y dijo-. Arto Jadis Cantona Memoria.
-¡Oye! Ahora entiendo lo que dicen los carteles. Y hasta puedo decirlos en voz alta.
-¿Dónde has aprendido este tipo de magia? –preguntó Donald muy asombrado- Una cosa es que puedas conjurar a los elementos, o crear barreras pero con esto ya has empequeñecido el nivel de muchos magos a los que conozco.
-¿Celoso? –preguntó guiñándole un ojo- Entremos.
Con Donald todavía malhumorado, nos metimos en el dojo, en cuyo centro se encontraba un hombre mayor con una larga barba blanca y ropajes de monje. Estaba sentado en el suelo y con los ojos cerrados, pero cuando entramos los abrió. Kairi se arrodilló y Donald, Goofy y yo la imitamos.
-¿Habéis venido a aprender a luchar? –dijo el hombre en lo que debía ser cantonés.
-Si –dijo Kairi.
-Bien –dijo mientras se acariciaba la barba-. Antes de nada, he de ver lo que sabéis. ¿Cómo luchas tu, mujer?
-Soy experta en hapkido y tae kwon do y en el manejo de la katana.
-Katanas. Odio las katanas. Y esos estilos de lucha son patéticos. Más te valdría aprender brujería para contrarrestar esa debilidad.
-Soy buena hechicera –dijo Kairi bastante molesta.
-Tu ira me divierte –se rió el anciano-. Muy bien. Enséñame lo que sabes. Los otros tres tendrán su momento luego. Ahora, enséñame lo que puedes hacer con ese pincho japonés.
Entonces el anciano se levantó calmadamente y se colocó enfrente de Kairi.
-Si me consigues rozar una sola vez, me arrodillaré ante ti y te llamaré Maestro.
Nada más terminar la frase, Kairi se levantó en un segundo y blandió su katana a pocos centímetros del rostro del hombre. Entonces lanzó un golpe hacia su cuello, pero el anciano se echó hacia un lado y la hoja le pasó a un milímetro del cuello. Volvió a lanzarle golpes, pero el hombre seguía esquivándolas a una distancia casi demencial, hasta que agarró a Kairi por la muñeca y la lanzó a la otra punta del dojo.
-Demasiada arrogancia –dijo mientras se reía; entonces se giró hacia nosotros-. Venga, vosotros atacadme si queréis. Los cuatro, si podéis.
No era posible de que el viejo nos pudiera a los cuatro, así que nos lanzamos todos a por él. Pero enseguida rechazó a Donald y a Goofy y quedamos Kairi y yo, que íbamos atacándole a la par, los dos a la vez, como si fuéramos un solo luchador. Aunque yo solo sabía de artes marciales por pasados entrenamientos, me coordinaba bastante bien con Kairi. Sin embargo, la pelea entre Kairi y el anciano se fue endureciendo, hasta tal punto que acabé en el suelo agotado junto a Donald mientras los dos se lanzaban golpes que ninguno acertaba.
-¿Con quien me he casado? –dije exhausto.
-No te has casado con nadie –dijo Donald.
-Es una frase hecha, idiota.
Pero aun así me extrañaba. ¿Cómo era posible que en dos años Kairi pudiera retar a un maestro en artes marciales sin recibir un solo rasguño? Además, ahora era más fría y violenta, lo cual, por alguna extraña razón, me atraía mucho. Entonces Kairi recibió una patada en el estomago y cayó cerca de nosotros.
-Eres buena –dijo el anciano-. Pero eres tan engreída que me sorprende que puedas acabar con alguien.
Me molestaba que hablara así a Kairi, así que me levanté y fui a golpearle con la Llave Espada mientras estaba de espaldas, pero de alguna forma lo vio venir y me agarró y torció el brazo hacia la espalada, haciéndome soltar la Llave Espada por el dolor.
-Eso no ha sido muy honorable, niño. ¡¿Sabes que podría romperte el brazo solo con quererlo?!
Y por el dolor que sentía en el hombro sabía que era verdad.
-Aun así –dijo sin soltarme el brazo- veo en ti un gran potencial. Por eso os entrenaré –y me soltó- Pero recuerda que tu brazo es mío ahora y quiero que sea tan fuerte como para derribar paredes.
Una vez en el suelo empecé a frotarme el brazo, el cual lo tenia totalmente dolorido.
-Mi hermano os enseñará el rincón donde dormiréis.
Entonces, un hombre que era idéntico al anterior salvo por la túnica, que era distinta, entró y nos indicó que le acompañásemos.
-Espero que no os haya molestado mucho –dijo-. Es muy poco sociable.
-Y bueno –dijo Kairi mientras se secaba el sudor.
-Así es como debe ser. Me llamó Shujinko y él era mi hermano Pai Mei. Será un placer teneros como alumnos.
Entonces nos dejó en una sala completamente vacía.
-Por cierto –dijo Shujinko antes de irse- eso de que dormiríais en un rincón…
Que no fuera lo que pensaba, por favor.
-… era literal.
Mierda.
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MensajePublicado: 15 Dec 2007 1:50 am     Responder citando

LIX



Sentía mucho frío. Además el sueño no ayudaba; uno de esos típicos y extraños sueños donde estas tu haciendo el gamba, así que abrí los ojos. Un techo de madera me saludaba desde arriba. Desde luego, durara lo que durara este entrenamiento, iba a ser un autentico desafío, sobretodo si las noches eran tan frías y teníamos que dormir en el suelo. Por la poca luz parecía que no había amanecido, aunque no estoy seguro de si en un asteroide amanece y atardece. Me levanté y me estiré un poco, para ver si se me pasaba el frío. Kairi yacía a mi lado, mientras que Donald y Goofy estaban hechos un ovillo a unos pasos de nosotros. Entonces oí como alguien se acercaba a nuestra, por así llamarla, habitación. Era el tal Shujinko.
-Ya es la hora; seguidme –dijo, y se retiró.
Llamé a los otros y les dije que se levantaran. Aunque un poco de mala gana, así lo hicieron y seguimos al hombre hasta una gran sala donde, para nuestra sorpresa, había siete personas más.
-¿Y toda esta gente? –preguntó extrañado Goofy-. Anoche no estaban.
-Hay más mujeres que hombres –observó Kairi-. Sin contaros a vosotros, chicos, solo hay dos hombres.
-Lo mejor será que nos sentemos con ellos –la cortó Donald.
En efecto, todos estaban sentados esperando a que llegara Shujinko. Decidimos sentarnos en un extremo de la sala, donde pudiéramos ver bien al resto de la clase. Cuando el viejo maestro llegó todos se pusieron de pie de un salto. Nosotros los imitamos.
-Sentaos –habló, y todos le obedecimos-. Estáis aquí para aprender a luchar, no a pasear por el campo. Aquí quiero que se rompan muros, no que se cultiven flores. La senda del guerrero es un camino de penas y de dolor, no un movimiento hippie. Si no estáis a la altura, os echaré de aquí como si fuerais unos vulgares perros. Al menos, tenéis suerte de que los aquí reunidos no sois totalmente inútiles, o eso me ha parecido percibir. Veamos un ejemplo –entonces se me acercó y me puso en pie agarrándome del brazo-. Este brazo me pertenece desde ayer. Quiero que sea capaz de atravesar lo que sea.
Entonces cogió una tabla de madera y la colocó en un estante a la altura de su pecho.
-¿Podrías atravesar esta tabla con tu puño? –me preguntó.
-Puede, pero no desde tan cerca -contesté.
-¿Y si tu enemigo está enfrente tuyo? –dijo, y a continuación dio un puñetazo que atravesó la madera estando solo a unos centímetros de esta-. Ahora inténtalo.
Lo que me proponía era un poco absurdo, ya que seguro que me iba a destrozar la mano sana, pero seguramente me haría algo peor si no lo hacia. Así que eché el puño hacia atrás, apreté todo lo que pude, y lo lancé.
Creo que el sonido de los huesos rompiéndose sonó con eco por toda la sala.
La mano me sangraba bastante y no podía mover bien los dedos. En otras circunstancias habría hecho algún hechizo de curación o me hubiera quejado, pero me daba la impresión de que a este tío no le gustaban ese tipo de cosas.
-Espero que entiendas que cuando digo que tu brazo me pertenece, me refiero también a tu mano –me dijo muy serio-. Quiero que todos los días practiques con una tabla de madera hasta que la rompas con una sola mano. Aunque tengas que pasarte todo el día golpeándola. ¿Entendido?
-Si, señor.
-Bien. Cúrate esa mano. Y poneos los uniformes que os dará mi hermano.
Obedeciéndole, empecé a aplicarme un hechizo de curación, mientras que Shujinko iba por la sala entregando, una especie de kimonos negros de neopreno algo ajustados, que recordaban al vestuario ninja. Iba a empezar a cambiarme de ropa cuando me fijé en que Kairi estaba absorta mirando a una chica vestida de verde y de pelo negro con algún reflejo verde. Debía tener unos años más que nosotros, cerca de la veintena. Cuando se giró me fijé en sus brillantes ojos verdes.
-¿Kairi, te pasa algo? –la pregunté preocupado.
-¿Qué? Oh, no. No me pasa nada. Estaba…
-¿Tiene algo que ver con esa tía de verde?
-No, es solo que… No importa, déjalo.
Algo le pasaba a Kairi. Parecía estar triste o nerviosa. Y la causa era esa chica. Era muy guapa u por alguna extraña razón, me sonaba su cara, como si la hubiese visto hace mucho tiempo.
-Bonita mano –dijo alguien por detrás.
Era otra de las mujeres, de unos veintitantos años, de un pelo blanco tirando a gris y un color de ojos amarillo brillante, con pantalones negros y una camiseta gris de tirantes con el símbolo de los Sincorazón.
-¿Y ese símbolo? –pregunté.
-Es la marca de los Sincorazón. Lo puse en mi camiseta para no olvidar lo que le pasó a mi mundo. Fue engullido por la oscuridad, ¿sabes?
-Pasa a menudo, créeme –dije.
-Me llamo Illyara.
-Yo soy Sora. Aquí mi amiga Kairi y estos dos son Donald y Goofy.
-Bonito colgante –dijo señalando mi colgante con forma de corona-. Debe significar realeza, ¿no?
-No, soy de familia humilde.
-Me caes bien –dijo sonriendo-. ¿Llevas armas? La mía es genial.
Entonces hizo aparecer una espada oscura que acababa en la cabeza de un dragón negro. Espera. No era una espada normal. Parecía una Llave Espada.
-¿Qué es…? –empecé a decir extrañado.
-Verás, mi padre, antes de desaparecer, me contó una historia de un arma legendaria, producto del poder del corazón. La llamaba Llave Espada. Decía que tenía el poder de abrir o cerrar los corazones, pero no solo de los seres vivos, sino de los mundos. Decía que era el arma suprema que podía vencer a los ejércitos del mal en un abrir y cerrar de ojos en manos de su portador, aunque podía ser también el artífice del caos. Siempre me gustó esa leyenda, así que me cree una replica de esa arma.
-Mira que bien –dije un poco atontado.
-Ya nos veremos –me dijo alejándose.
-¡No me jodas! –dijo alguien de nuevo a mi espalda. Era otra mujer, y a esta la recordaba vagamente de un anterior encuentro.
-¿Faith? –preguntó Goofy.
-¡Si, soy yo! –dijo Faith, la Cazavampiros-. ¿Qué demonios hacéis en este lugar? Ya pensaba que estaríais en la otra punta del universo.
-Cosas de la vida –dijo Donald-. ¿Y tu que haces aquí? ¿No deberías estar en Sunnydale?
-Necesitaba marcha para el cuerpo, nene –dijo emocionada-. Esperemos que este tío sea tan duro como dicen.
-¿Duro? –preguntó Kairi.
-¿Y tu quien eres, nena?
-Es Kairi –la presenté-. Una amiga mía. ¿Pai Mei es duro?
-¿Habéis venido aquí sin saber que hace este tío? No sabéis donde os habéis metido. Lo de atravesar tablas de madera es la punta del iceberg. Dicen que puede reventarte el corazón con cinco toques.
-Mientras no me lo haga a mi –decía Goofy.
-Bueno, ya nos veremos, que he de meterme en esta mortaja de plástico. Hasta otra –dijo mientras intentaba colocarse la ropa de alguna manera.
-Podéis ir a los vestuarios si queréis –dijo por lo alto Shujinko.
Los vestuarios… bueno, era un crimen llamarlos así, solo era una habitación rota con unos cuantos pequeños muros, pero al menos podíamos cambiarnos allí. Una vez nos habíamos quitado la ropa, el uniforme entraba muy rápidamente, como si se acomodara a la piel. Una vez me puse los pantalones vi que era algo ceñido, pero que permitía moverse con libertad. Cuando me quitaba el chaleco y la camisa vino Kairi, que ya llevaba el traje puesto. Le sentaba muy bien y se podía apreciar que tenia buen cuerpo… de luchadora.
-En todos los años en los que estuvimos en nuestro mundo –decía acercándose a mi- nunca me fijé en que tenias tan buen cuerpo.
-Es el resultado de años de lucha –dije sonrojándome. Hacia mucho que Kairi no me veía sin camisa.
-¿Qué? ¿Te sonrojas porque te vea el torso al aire libre? ¿Cuántas veces nos bañamos en las playas en bañador?
-Hombre, en aquellos tiempos no estaba como ahora.
-Claro. Antes eras un vago. Ahora eres un aventurero. Un héroe.
-Una maquina de recibir halagos, por lo que parece –dije riéndome-. Por cierto, ¿quién era la chica esa que mirabas tan fijamente?
-¿Eh? Oh, nada. No era nadie. Creí que era… otra persona.
-¿Qué persona?
-Cosas mías. Volvamos donde los otros, seguro que nos mandan hacer alguna cosa rara.

______

Hecho de menos publicar esto. Espero continuar con esto.
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MensajePublicado: 15 Dec 2007 6:40 pm     Responder citando

Uhm... interesante...
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MensajePublicado: 18 May 2008 1:44 am     Responder citando

LX



-En esta academia –decía Pai Mei- os enseñaremos a combatir con o sin armas. Por raro que os parezca, mi hermano y yo sabemos manejar todas las armas creadas por el hombre o similar. Sea cual sea vuestra arma os enseñaremos a manejarla como si fuera parte de vuestro cuerpo. Por ejemplo, las katanas. La katana es, en mi opinión, un pincho para cortar verdura, pero hasta con ese pincho se puede destruir al adversario. Dos de vosotros lleváis katana. Venid aquí delante.
Kairi llevaba katana y, por lo que decía el viejo, otra persona más, así que ella se levantó y acudió al centro del gimnasio, junto a un hombre joven de pelo negro.
-Esta es Kairi, este es Bill. Ambos manejan extremadamente bien el pincho tomatero este. Ahora pelearan cinco minutos. El que venza, demostrará ser el mejor.
-¿No es eso un poco estúpido? –dijo Kairi.
-Tu pelearás con los ojos vendados –dijo Shujinko, pasándole una cinta negra alrededor de los ojos.
-En guardia –gritó Pai Mei.
Ambos se colocaron en posición neutral, con la katana en alto. Sabía que Kairi era muy buena, pero de ahí a pelear con los ojos tapados… Además, ¿dónde había aprendido Kairi a luchar de tal manera? En Islas del Destino había gimnasios, pero de ahí a que te enseñaran a hacer ese tipo de cosas… No se, algo ocultaba Kairi respecto a sus años de entrenamiento. Volví a centrarme en el combate, que apenas acababa de comenzar y ya se estaban moviendo. Kairi mantenía constantemente la katana sobre su cabeza, intentando oír a su oponente. El tal Bill parecía hacer algo semejante, quedándose quieto en el sitio sin moverse. Kairi estaba esperando a que su adversario hiciera algún ruido que le delatara; este, sin embargo, saltó de una manera que apenas hizo ruido con la katana en lo alto preparado para darle un golpe mortal a Kari. ‘No’, pensé, temeroso de que Kairi pudiera ser herida, pero el golpe de Bill pasó sin siquiera rozar a Kairi, que se movió a un lado y lanzó su katana hacia atrás, que Bill paró magistralmente con solo mover un poco su katana. Ahora el joven no intentaba pasar desapercibido, sino que se lanzaba como un poseso a intentar golpear a Kairi, pero esta paraba todo lo que él le lanzaba. Entonces Bill hizo girar su katana a gran velocidad y aumentó su velocidad para embestir contra Kairi. Únicamente saltando podría esquivar ese ataque y, como si me hubiera oído pensar, Kairi, saltó en el preciso momento en el que la katana del contrario pasaba a unos centímetros de ella, propinándole de paso una patada en la nuca. Bill cayó al suelo de cara, rompiéndose la nariz. Cuando se giró vio como Kairi saltaba y esta hundió la katana en el suelo a unos milímetros de su oreja.
-No tengo que demostrar nada –dijo Kairi quitándose la venda.
Entonces hizo una reverencia a los maestros y se volvió a sentar a mi lado.
-No ha estado mal –dijo Pai Mei-. Aunque se puede mejorar.


Los días siguientes las pasamos haciendo diversos ejercicios, desde practicar movimientos de lucha hasta carreras por los jardines que tenían en la parte de detrás del dojo. Era muy curioso ver como en un asteroide habían creado una serie de cúpulas, a falta de una palabra mejor, en las que había cosas desde gimnasios a selvas tropicales. Habían aprovechado toda la superficie disponible y parte del interior del asteroide para construir un gigantesco complejo en el que podíamos entrenar.
Hoy mismo nos habían dado a cada uno una especie de espada de luz que daba calambres si te tocaba; nuestra misión era una carrera por los jardines eliminando a cuantos pudiéramos. No había equipos, así que Donald, Goofy, Kairi y yo tuvimos que separarnos; esta vez seriamos rivales.
-Tendréis que superar los diversos obstáculos de los jardines que os encontrareis por el camino –decía Shujinko-. A todo aquel rival que encontréis deberéis neutralizarlo. La prueba comienza ahora.
Sonó un ruido agudo que nos indicaba que teníamos que comenzar. Cada uno se fue por un rincón del dojo que conducía hacia los jardines. Yo fui por un corredor un poco alejado del resto, pero que sabía que era más directo que otros caminos. Sin embargo, los maestros debían haberlo previsto, pues el suelo se tambaleaba y se rompía. Algunas tablas podía pasarlas de sobra corriendo, pero otras se caían incluso antes de que pasase por encima de ellas, con lo que tenia que saltar o correr por las paredes para evitar caer. Una vez superé esos sencillos obstáculos llegué a unos jardines, pero me tropecé con una rama y caí al suelo. Sin embargo, puede oír como algo pasaba detrás mío justo cuando caía. Me giré para ver a otro de los estudiantes, un hombre oriental llamado Seraph, en el tejado con su espada láser activada. Era mucho más ágil que yo y dominaba a la perfección varios estilos de lucha.
-Hola, Sora –saludó saltando al suelo.
-Deberías salir corriendo, Seraph –me chuleé-. Podrías perder.
-Esto es una competición para ver quien es más resistente, no para ver quien gana más o menos.
-No es lo que yo recuerdo haber oído.
-Lo que si habrás oído es que hemos de eliminar al contrario.
-Claro que si.
-Entonces debo disculparme –dijo llevándose las manos al pecho.
-¿De qué? –pregunté extrañado, aunque me parecía saber lo que iba a hacer a continuación.
-De esto.
Entonces retiró las manos del pecho y activó su sable a tal velocidad que no pude evitar recibir un golpe en el brazo. Lo había hecho a propósito, para que no pudiera defenderme. Y lo estaba consiguiendo, pues la descarga eléctrica que propinaban las espadas daba mucho dolor, pero a mi ya me habían arrancado una mano y sabia lo que es el dolor. Inmediatamente cogí mi espada y fui a dar un golpe al cuello, pero este se inclinó hacia atrás y lo esquivó. Recuperó entonces el equilibrio y volvió a atacar, pero esta vez detuve su espada con la mía y conseguí lanzársela lejos.
-Buen golpe –dijo.
Pero enseguida me golpeó la mano que llevaba la espada y también me la lanzó lejos. Ahora estábamos de nuevo igualados. Bueno, el era mucho mejor que yo peleando con las manos, así que corrí hacia mi espada, pero sentí como alguien, literalmente, me pisaba la cabeza. Enseguida Seraph se puso entre las espadas y yo.
-¿Buscas tu arma? Solo los débiles utilizan muletas para luchar.
-Mis muletas son bien grandes –me reí mientras que movía mentalmente mi espada, la encendía y le golpeaba en la espalda a Seraph, que cayó al suelo inconsciente-. Ese es tu problema, Seraph. Demasiado noble para hacer trampas.
Atraje la espada hacia mi y continué corriendo por los jardines, sorteando algunos abismos y rocas. Cuando llegué a la cascada de agua que había me limpié la cara de sudor, pero entonces un rayo de plasma de color verde me pasó rozando. Alcé la vista para ver a Shego, la chica con la que Kairi se había puesto traspuesta el primer día que llegamos. Todavía no me había dicho el porqué.
-¿Intentando llegar a la meta, nene? –dijo, mientras se sacaba un lapiz de labios verde y se lo aplicaba.
-Evidente, Shego. Algo que deberías hacer tu.
-He quedado con alguien. Para hablar un momento y luego seguir con la prueba. No creo que a los viejos esos les importe. Aunque ahora que lo pienso es más adelante. Bueno, te dejo con una posdata por mi parte.
Alzó sus manos hacia mi y otros rayos de plasma verde salieron de sus manos, impactando contra una roca que tenia detrás y que hizo que se derrumbara sobre mi. Esquivé las rocas y volví a mirar hacia donde se encontraba Shego, pero ya no estaba. Salté hacia donde estaba antes y recorrí la dirección que parecía más probable que pudiera haber tomado. Tras una buena carrera, oí ruidos de lucha, así que me subí a la rama de un árbol y desde allí avancé por las ramas saltando hasta llegar al lugar donde estaban luchando, para mi sorpresa, Kairi y Shego. Estaban ahora mismo en un mano a mano y quise saltar a ayudarla, pero algo me dijo que no lo hiciera, pues se suponía que ahora éramos rivales y podría atacarme, aunque no pensaba que Kairi fuera capaz de eso.
Entonces vi como Kairi rechazaba un puñetazo de Shego y retrocedía. Entonces Shego saltó hacia ella, cargando el pie del plasma verde que generaba, pero entonces Kairi se agachó y la agarró del pie, creando un hechizo eléctrico a su alrededor para que el poder de la chica no le afectara y la lanzó contra el suelo.
-Im… imposible –dijo Shego levantándose y frotandose la nariz-. Solo una persona en todo el universo sabe cual es mi debilidad. Y mi hermana está muerta.
Kairi me daba la espalda, pero pude ver que Kairi hacia algún gesto.
-Hemos de hablar –dijo.
¿A que se refería Kairi con ‘hablar’? Entonces me pareció ver que movía la cabeza en mi dirección. Un instante después Shego lanzó uno de sus rayos hacia mi dirección. No pude esquivarlo y me dio de lleno.

-Eh, chico. Despierta.
Me encontraba atontado, con los ojos cerrados, y por el tacto con la hierba debía seguir en los jardines. Abrí los ojos y me encontré cara a cara con Illyara y otra mujer que apenas conocía llamada Sareena.
-¿Qué pasa? –pregunté todavía confuso-. ¿Seguimos con la prueba?
-Bueno, nos llevan algo de ventaja, pero estamos cerca –dijo Illyara.
-Debes haber estado unos minutos inconsciente –dijo Sareena.
-Entonces será mejor que me mueva -dije.
-De eso nada –soltó Illyara-. Vamos los tres juntos. Sareena y yo habíamos pensado ir juntas, a pesar de lo que dijeron los maestros. Y tu sigues estando un poco débil.
-Venga, levántate.
¿Cómo podría rechazar el acompañamiento de tan atractivas jóvenes? Eso si, cuando viera a Kairi, me iba a dar unas cuantas explicaciones.


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¿Queda alguien que siga, por virtudes del destino, que siga leyendo este fanfic? Me temo que no.
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Normativa Wk-C-20: “Que busquen en Google, hostias”.

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